Viene a hablar conmigo

Quilla, la niña de siete años de edad, que es muy lista y perspicaz y ve cosas, insiste: “Tía, quiero saber qué pasó con mi mamá”.

| 28 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 730 Lecturas
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—Hasta ahora no sé qué prueba nos está poniendo Dios. De verdad no lo entiendo, pero hay que hacerle caso, porque él es nuestro creador. Tu mamita y yo te trajimos desde Iquitos por algo que ya te enterarás más adelante. Yo le prometí que me haría cargo de ti antes de que ella cerrara los ojos. ¿Quilla, qué te parece si te cuento otro día lo que pasó con tu mamá?

—No, tía, quiero saberlo ya.

La niña está serena, y la tarde cae como si alguien cerrara la puerta con violencia. Marcela enciende la luz de la sala y abraza a Quilla. “Hija, tú ya sabes qué pasó con tu madre, no es necesario que te enteres de los detalles”, dice.

—Quiero saberlo para ir a dejarle flores, al menos.

—Tranquila.

—Por favor, tía.

—Esa tarde, que te dejamos sola, fuimos a comprar un pantalón para ella y uno parecido para ti. Esa tarde ella estaba muy feliz. ¿Recuerdas el abrazo que te dio antes de salir?

—Sí, tía.

—Compramos los pantalones en un edificio de la avenida Abancay. Cuando estábamos volviendo, un pirañita como de 12 años le arranchó la bolsa a tu madre…

—¿Qué pasó?

—El pirañita desapareció en el tráfico,….

—¿Y mi mamá?

—Corrió detrás del pirañita, pero fue alcanzada por una camioneta. Cayó al piso inconsciente. El chofer bajó del carro y la llevó al hospital y ahí falleció.

Tía y sobrina se abrazaron y lloraron juntas. Se confundieron en una pena atroz de hija y hermana.

Cuando se calmaron, la niña le dijo a Marcela:

—Tía, gracias por contarme como murió mi mamá. Gracias, tía, ahora entiendo. Ahora puedo hablar con ella con más tranquilidad.

La tía sorprendida pregunta:

—¿Cómo qué puedes hablar con ella con más tranquilidad, de qué hablas?

—Cuando tú vas a trabajar, ella viene a hablar conmigo. Se sienta aquí en el mueble y me dice cosas; pero no puedo tocarla. Solo la escucho, solo la escucho. La veo, la escucho.

Anonadada, Marcela llega a decir:

—¿De qué hablas? Explícame por favor.

(Continuará mañana)


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