Viejos y nuevos miedos

Hay quienes expresan demasiado temor a la reaparición de Sendero Luminoso con el ropaje del Movadef, o de su versión magisterial, el Conare, o para el caso las intervenciones del otro Sendero que actúa en el Vraem hostigando a la Policía y el Ejército.

| 11 julio 2012 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.5k Lecturas
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Para la derecha bruta y achorada, por cierto, todo es parte de un plan, en el que puede haber una “izquierda” aún peleando por la orientación del gobierno, otra haciéndole huelgas y una extrema haciéndole la guerra.

Ciertamente las conexiones no son así y lo que más habría que sopesar es si la derechización y militarización del gobierno de Humala, que incluye la expulsión de sus aliados del lado zurdo y su reemplazo por empresarios y tecnócratas derechistas, la represión con muertos de los conflictos sociales y la ausencia de soluciones reales, la persecución insidiosa contra los dirigentes menos radicales: Mollohuanca, Arana e inclusive Santos, no abonan la aparición de opciones más extremas.

El tremendo viraje de Humala desde el poder, resumido en no puedo hacer lo que había prometido porque no me dejan, ¿a quién creen que favorece? Y no es que ahora los de Movadef van a pasar a las armas para sacar de las cárceles a sus dirigentes o para acallar a los que escriben libros para analizarlos.

Van a seguir en su plan de propaganda, aunque es verdad que del discurso conciliador de los días en que querían inscribirse han vuelto al choque sectario, tipo los años 70, que les cierra espacios de diálogo pero les da audiencia entre la juventud más impaciente.

Tampoco es cierto que el crecimiento de los duros como fracción disidente del Sutep venga de la pura ideología, cuando lo que se tiene a la vista son varios cientos de miles de maestros postergados de todo aumento desde la época de Toledo, con el argumento de la meritocracia y la Carrera Profesional.

La ministra Salas, en medio de una confusión patética, ha estado declarando que hay que mejorar a todos y retomar la ruta de García, sin que se haga una cosa ni otra. Y viene negociando meses con la dirigencia nacional del Sutep para diferir la huelga. El resultado ha sido que en varias partes del país el discurso del Conare ha terminado prendiendo y creando agudos focos de conflicto.

Ni qué decir del pésimo manejo gubernamental de los remanentes senderistas del Vraem, que Ollanta ha querido usar para obtener “éxitos” que lo impulsaran como ocurrió con la captura de Artemio.

Pero en Kepashiato les fue pésimo y no hay una evidencia de que la detención de mujeres senderistas con sus hijos vaya a fortalecer la posición militar (mucho menos de la social) del gobierno en la zona. Nadie sabe lo que puede ocurrir después de una operación de este tipo. Pero un gobierno capaz de contener y desarmar a Gabriel, José y otros todavía no está en el horizonte.

El dato clave es que, si el Apra en el poder relegitimó al fujimorismo como fuerza política, apoyándose en el pretexto de la gobernabilidad y de aislar al nacionalismo por entonces radical, ahora el nacionalista Ollanta está metiéndose en la ruta de la más peligrosa de las polarizaciones porque quiere meter a los que no están con él en un solo saco y vencerlos con todo el poder del Estado.

O sea la relegitimización de los métodos del fujimorato, que son los regímenes de excepción, la mano dura, los sicosociales, la arbitrariedad como norma, el uno contra todos. ¿Quién creen que podrá capitalizar todo ello?


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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