Venezuela territorio SIP

El principal titular de portada de El Comercio de Lima de ayer señala a toda página: “Chavismo usa amenazas para imponer su régimen” y la verdad que da ganas de preguntarse cómo es eso que un “régimen” que ganó ampliamente las elecciones presidenciales de octubre y fue respaldado masivamente en las regionales de diciembre y que el jueves había cubierto de camisas rojas las calles de Caracas, tenga necesidad de imponerse a sus derrotados con algo más que su legitimidad política y social.

| 12 enero 2013 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 757 Lecturas
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Si uno lee a la “prensa seria”, es decir la de las grandes familias periodísticas de América Latina que integran la SIP (se les puede consultar a través de la Web), verá que todos ellos están tratando el caso de Venezuela como si fuera propio y que estos señorones y señoronas fueran la verdadera junta de médicos que debe diagnosticar sobre el futuro de esa nación y sobre las opciones que supuestamente se le abren a la oposición derrotada como consecuencia del agravamiento de la situación de la salud de Hugo Chávez.

Se siente detrás de esto el interés de los Estados Unidos en lo que podría ser el futuro de una Venezuela post Chávez. Obviamente para el imperio este es un asunto de la primera prioridad no solo por lo del petróleo sino por lo aguda que ha sido la contradicción Chávez-Washington, pero ni siquiera los actores políticos de oposición interna, están tan a la iniciativa como la gran prensa, que para estos casos no reconoce fronteras y aparece como una sola voz dentro de Venezuela y subcontinente.

La oposición, que vacila por conciencia de su condición de minoría y por el grado de tensión que genera el reclamo de “fijar la línea” en medio de las actuales circunstancias, recibe sin embargo el fuego de los medios para los cuales es un escándalo que el chavismo pretenda seguir gobernando.

Un editorial de El Nacional de Caracas reproducido por El Comercio resume la cuestión en que ahora las formas se han vuelto el fondo de la cuestión política y eso es lo que tiene que ver con la fecha de juramentación ante el Congreso dispuesta en la Constitución y la supuesta ausencia de gobierno legal por el agotamiento de un período y no inicio del siguiente.

A esa argumentación han contestado la Asamblea Nacional y el Tribunal Constitucional indicando el carácter excepcional del momento político y la opción que la propia Constitución prevé, de que la fecha y el órgano ante el que se jura sean alterados para dar tiempo a que el tema de salud quede clarificado.

En el Perú también se estipula que el presidente deberá juramentar el 28 de julio del año en que fue elegido para el cargo, pero sería inconcebible que si poco antes de esa fecha el presidente quedase postrado por alguna circunstancia, el acto de no poder jurar lo privara del cargo antes de ser declarado incapaz para seguir ejerciéndolo.

Y que la fecha no es invariable lo prueba que Paniagua juramentó en noviembre del 2000. Si no me equivoco también algo por el estilo ocurre en la historia venezolana de los últimos 14 años.

Pero aquí lo fundamental es que, para bien o para mal, el sistema que nace de la energía de un caudillo, está caminando a transformarse en algo distinto, necesariamente más colectivo y menos mesiánico.

Chávez abrió una ruta sobre la que Venezuela no quiere regresar. Y un espacio al progresismo latinoamericano que ha cambiado al subcontinente. Aunque no le guste a la SIP.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista