Velasco el maldito

Lo que había antes de Velasco era una arcadia feliz en la que la agricultura era boyante y eso se reflejaba en exitosas exportaciones de algodón y azúcar (habría que ver cómo vivían los campesinos y los peones agrícolas), la democracia era sólida (como que Belaunde requirió de un golpe de Estado para llegar al poder en 1963) y reinaba la paz social.

Por Diario La Primera | 08 oct 2008 |    

En esa época Aldo M podía leer libremente pato Donald y Mickey Mouse, de donde le vienen algunas de sus ideas; hablar castellano en vez de quechua; y su familia como la mayor parte de los peruanos tenía montones de dólares guardados bajo la almohada. Además no existía la amenaza de ser reclutado como soldado para la guerra con Chile.

Es por eso que es tan maldito el 3 de octubre y hay que ser un imbécil o un aprovechado para tenerle alguna sombra de nostalgia. Claro, ya sabemos que aquí el problema del indio y de la servidumbre nunca existió, ni el del latifundio improductivo. Tonterías que se les ocurrían a algunos intelectuales con vicios sentimentales, que escribían sobre estos temas desde los años 20.

Tampoco es verdad que en América Latina los militares intervinieran a cada rato en política (en los 70 estaban en el poder en el 90% de América del Sur) y que en la mayor parte de los casos, con la casi solitaria excepción de Velasco, lo hicieron a favor de los poderes económicos dominantes y en contra de las demandas populares. Después de todo, la evaluación militar de la época era que sin reformas (este era el país más retrasado en su proceso de industrialización) se producirían situaciones inmanejables que obligarían a una gran represión, que fue lo que explicó el apoyo inicial a Belaunde y su ruptura con él.

Además Velasco ahogó las libertades democráticas ya que intervino el Poder Judicial (lo que volvimos a ver a escala ampliada durante Fujimori, que es el amor secreto del ex chico terrible de la prensa) y confiscó todos los medios de comunicación (el otro los compró). Obviamente fue un gobierno autoritario. En un contexto además de dictaduras criminales en el Cono Sur, que parece que no fueron tan malditas como la que tuvimos en casa, que echó chorros de agua a los manifestantes pitucos que vociferaban en Miraflores.

Pero lo esencial es que quiso abrirle paso a la modernidad peruana enfrentando los dos límites básicos al desarrollo: la subsistencia feudal y la opresión externa. Tal vez por eso hay mucha gente que lo recuerda bien, lo que debe estarse reforzando con el derrumbe de los dogmas neoliberales que le sucedieron y en torno a los cuales quisieron descuartizarlo. Fue una excepción entre los militares y políticos peruanos. Por eso lo odian. Y sí permitió leer pato Donald y no obligó a hablar quechua. Aldo no sabe ni una sola palabra en ese idioma, pero sí de caricaturas.


    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista