Veinte años después

Nunca me he sentido muy motivado por la discusión aquella de si la captura de Abimael Guzmán fue un hecho policial puro, en el que ni Fujimori ni Montesinos tuvieron parte, lo que casi significaría quitarle a la dictadura de los 90 su principal activo que sería la derrota de Sendero Luminoso.

| 09 setiembre 2012 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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La gente, lamentablemente, no lo ve así y es que la Dircote y el Gein no fueron jamás entidades autónomas o que expresaran alguna corriente política diferenciada del régimen que tendía a copar y controlar todos los espacios del aparato del Estado.

La historia posterior de los “héroes” que protagonizaron esta decisiva captura y que sin duda mostraron un alto profesionalismo en la ejecución de su tarea, no es tampoco muy aleccionadora que digamos.

Por lo menos hay zonas muy oscuras en la trayectoria del general Ketín Vidal y su relación con Montesinos que él ha tratado de acallar con denuncias judiciales antes que con esclarecimientos convincentes.

También es público y notorio que la revista “Caretas” se ha echado a lanzar barro sobre el papel de Benedicto Jiménez en la operación “Victoria”, recogiendo opiniones de algunos de sus subalternos de la época. Por otro lado se conocen varias sentencias en su contra en las que se le acusa de “extorsionador” a través de la prensa.

En el caso del general Miyashiro, lo obvio es su relación con el fujimorismo por lo que parece bastante difícil ubicarlo en una intervención a espaldas de lo que fue claramente su gobierno.

Hoy en día, Miyashiro es parte de una corriente militarista que añora los duros estilos de los 90, con el exjuez Ibazeta, el general John Caro, el almirante Montoya y otros, para quienes, si nos descuidamos, los terroristas volverán a estar a punto de tomar el poder.

En estos días además ha aparecido otro personaje que antes no era mencionado entre los jefes de la operación de captura de Guzmán, que es el ahora general Carlos Morán, que todavía permanece en el servicio activo. Todos los medios se han ido sobre él para que les cuente la historia y hasta para que explique las desavenencias producidas entre sus compañeros.

Pero este general tampoco es un santo, ya que es señalado como pieza clave en el operativo del general Miguel Hidalgo para desaparecer los USB del caso BTR que comprometían a Alan García y Jorge del Castillo.

Más aún fue su segundo en varias de las falsas capturas que el hombre del bigote armó para aparentar eficiencia en la represión del narcotráfico y que llevaron a la cárcel a varios inocentes, mientras las mafias seguían operando sin que nadie los moleste.

Por todo esto vuelvo a decir que no me siento partícipe del debate sobre quién tiene el mérito porque estamos hablando de un gobierno y sus operadores, y en cambio tiendo a creer que la caída del llamado “presidente Gonzalo” vino sobre todo del propio esquema de actuación de Sendero Luminoso.

La idea de un jefe dirigiendo desde la clandestinidad de clase media en Lima, un vasto ejército de elementos echados a acelerar la guerra contra el Estado, generaba un tremendo foco de vulnerabilidad y que la policía encontrara el hilo para capturarlo era cuestión de tiempo.

Sendero no tenía la fuerza para derrotar a las Fuerzas Armadas y la Policía ni la paciencia china para desgastarlos eternamente. Su derrota fortaleció el autoritarismo que se impuso a toda la sociedad. Pero esa es otra historia.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista