Valqui

Néstor Valqui siempre soñó con ser congresista. Dicen que trabajó duro para serlo y que, en ese afán, montó una discoteca-prostíbulo en Yanacancha, Cerro de Pasco, para ir acostumbrándose a la faena.

Por Diario La Primera | 20 set 2012 |    

Amante del dinero fácil, ahorró de sol a sol el porcentaje de la plata que conseguían las mujeres que usaban su local “Calusa” para vender su cuerpo. Ambicioso, como siempre, dicen, quiso cobrarles más a las chicas malas porque le urgía más billete. Sabía que para ser congresista no se necesita ser buen ciudadano ni profesional connotado sino apenas tener dinero. Para él, todo iba bonito hasta que después de un proceso largo, hacia el 2008, el que iba ser legislador 3 años después fue condenado a dos años de cárcel y al pago de 500 nuevos soles por habérsele encontrado culpable del delito de proxenetismo. Las chicas que le pagaban por usar su local lo delataron en el juicio. Movió cielo y tierra y, al final, cumplió una pena suspendida por un año bajo reglas estrictas de conducta: que comparezca ante el Juzgado, que no se ausente de su lugar de residencia, que no vuelva a cometer delito, que no concurra a lugares de dudosa reputación y no lleve consigo objetos con los que podría cometer otro delito. De todas estas prohibiciones, lo que más le preocupaba era “no concurrir a lugares de dudosa reputación” porque quería llegar al Congreso. Pero su pena la cumplió en un año. Luego, para postular al Parlamento y cumplir sus sueños, no dudó en tocar la puerta del fujimorismo porque sabía que en aquella tienda reciben a cualquiera. La única condición es tener dinero. En su hoja de vida obviamente no puso que tuvo problemas con el proxenetismo y, a decir de Mauricio Mulder, ya estaba rehabilitado puesto que ya había cumplido su pena. Fue elegido. Entre sus votantes aparecieron algunos parroquianos. En el Congreso, se sentía como en casa y, haciendo de las suyas, nunca se desligó por completo de su antiguo trabajo. La Comisión de Ética así lo demostró y pidió que el Parlamento lo suspendiera 120 días; pero sus colegas, que se habían acostumbrado a él, dijeron: “él se queda”. Antes de ello, él habría pedido a Dios en silencio: que no me suspendan, Dios mío, porque en el Parlamento me siento como en “Calusa”.
Referencia
Valqui

    El Escorpión

    El Escorpión

    El Escorpión

    elescorpion@diariolaprimeraperu.com