¡Urgente! Reformar el Congreso

El Congreso está más desprestigiado que nunca. La profundidad de su crisis supera a la condenable actitud de determinados congresistas que confunden negociación política con prostitución de valores. Lo más grave no es el abrumador desprestigio que lo acompaña, sino la extendida idea que esta lamentable situación no cambiará. La presión de oscuros intereses es pan de cada día así como las prebendas ofrecidas. La crisis del Congreso desborda las paredes de su hemiciclo y amenazará, más temprano que tarde, la esencia misma del régimen democrático. El autoritarismo está al acecho para imponer un remedo de democracia y astutamente ya se presenta como un mal necesario para impedir el avance de quien califican como “antisistema”.

Por Diario La Primera | 04 ago 2008 |    

El problema principal no es sólo de personas, como algunos tratan de hacérnoslos creer; es de todo el actual y nocivo sistema de representación, de un reglamento congresal a favor de los privilegios, de una ley de partidos políticos concesiva con las cúpulas y de una constitución ultra presidencialista. Se requiere una profunda reforma de todo este desaguisado; que los movimientos regionales también puedan postular candidatos al Congreso; que se elimine el voto preferencial fortaleciendo la democracia interna de los partidos y movimientos regionales; distritos electorales uninominales. Que el presidente electo asuma las funciones de jefe de Estado y que el primer ministro, elegido por el Parlamento, sea el responsable de las políticas del gobierno.

Que las curules parlamentarias ganadas en las elecciones por un partido o movimiento regional se comporten con fidelidad a lo prometido en la campaña electoral, penando el transfuguismo vía la vacancia y el reemplazo del congresista por otro de su partido. Se debe fortalecer el trabajo de las bancadas parlamentarias concentrando en ellas el mayor número de asesores calificados designados y bajo la responsabilidad de cada organización política, y así evitar el excesivo afán de protagonismo individual de los congresistas como insulsas pugnas internas. ¿Acaso los auténticos políticos liberales no estarían de acuerdo?


    Carlos Tapia

    Carlos Tapia

    Opinión

    Columnista