Urge atender a la educación superior

La primera señal emitida por el actual Congreso de la República en relación a la Educación Superior en el país no ha sido de sensatez. La decisión de crear una nueva universidad pública en Chincha, habiendo una cercana en Ica, muestra que se persiste en el error de buscar simpatías creando por doquier nuevas universidades.

| 18 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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El pasajero crecimiento macroeconómico de nuestro país obedece a factores más bien externos, como el incremento de precios de los metales. Ese factor nada tiene que ver con decisiones de política en el Perú y escapa completamente de nuestro control, pudiendo variar en su tendencia sin que podamos evitarlo, tal como ya ocurrió antes con otras materias primas. De allí la paradoja de que nuestros tecnócratas neoliberales recen ahora porque se mantenga el rumbo de la China dirigida por un Partido Comunista.

Es verdad que las exportaciones no tradicionales se han incrementado, pero su peso dista de ser decisivo y el valor agregado que poseen es muy bajo. Sigue, por tanto, pendiente la tarea de fomentar la reconversión progresiva de nuestro aparato productivo en el sentido de una mayor industrialización. Precisamente para ello es que se requiere fortalecer la Educación Superior, y allí el tema fundamental es el cuidado de la calidad académica.

La creación indiscriminada de nuevas universidades, públicas y privadas, es una muestra de total irresponsabilidad. No podemos ir creando universidades en cada provincia del país y cada distrito de Lima. Eso no es serio. Es pura demagogia. Una política coherente en este terreno debería fomentar, más bien, la creación de institutos superiores tecnológicos públicos (ojalá en todas las provincias del país y en los distritos de cada gran ciudad), dotándolos de la logística necesaria e incorporando en su plana docente técnicos calificados. Esos institutos (que ahora constituyen la última rueda del coche), deberían potenciarse, articulándolos con las universidades públicas, de modo que sus docentes reciban allí formación continua y sus mejores estudiantes tengan garantizado el acceso a esas universidades para alcanzar mayores niveles de calificación.

Pero, por ahora, ninguna instancia estatal defiende la Educación Superior; antes bien, la agreden con decisiones insensatas como la que comentamos. Entretanto la Asamblea Nacional de Rectores acaba de intervenir otra universidad pública: la de Lambayeque, a cuya crisis contribuyó antes activamente. Hace poco publicó también un comunicado, tan mal redactado, que su lectura convencerá al más descreído de cuán profunda es la crisis universitaria y cuánto urgen cambios que aseguren para la Educación Superior niveles básicos de calidad y fomenten su mejora continua.


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Zenón Depaz Toledo

Opinión

Columnista