Universidad, diálogo y crítica

La universidad tiene, desde sus orígenes, una vocación por la búsqueda, afirmación y cultivo de lo que pueda haber de común y universal entre los seres humanos. Se trata de una vieja aspiración sustentada en una apuesta por el diálogo, entendido, en su sentido originario, como discurrir o fluir (dia) de lo que los griegos llamaron logos (razón, principio, soporte de sentido).

Por Diario La Primera | 24 ago 2010 |    
En la práctica de ese diálogo, la universidad da curso al desarrollo de múltiples disciplinas específicas, las cuales tienen en común un soporte discursivo de tipo argumentativo que, a diferencia de los de orden dogmático, conlleva la exigencia rigurosa de prueba y sustentación de lo que se afirma (tesis). En ello consiste la disciplina académica en la que se forma el estudiante universitario.

En tal sentido, si bien es cierto que la universidad ofrece en su oferta de formación una gran diversidad de disciplinas, cada una de ellas con características específicas derivadas de lo diverso de sus objetos de estudio, con diversos lenguajes que los cultores de cada disciplina han construido, sus cultores las desarrollan siguiendo cuidadosamente aquel hábito de sustentar todo aquello que afirmen con pretensiones de verdad.

No obstante, el cultivo de ese hábito de diálogo y exigencia de prueba de lo que se afirma, se muestra débil en el plano de los discursos políticos presentes en nuestro medio universitario. Tal vez por la fuerte influencia que tuvieran los discursos explícitamente ideológicos; los cuales suelen encubrir intereses particulares haciéndolos pasar por universales. Quizás por la densidad de tradiciones corporativas, particularistas, traducidas en prácticas de caudillismo, cacicazgo y clientela.

Seguramente los discursos del senderismo se hallan entre los que cabría ubicar al extremo en cuanto a observancia de las condiciones del diálogo crítico.

Se ha hecho notar, a propósito de algún texto pro senderista publicado en la revista Vórtice, su carácter abiertamente calumnioso contra algunos profesores de la oposición democrática al interior de la Universidad de San Marcos. Los autores de aquel texto son también de esa universidad. Por ello, no deja de tener interés que aquel texto aparezca acotado con explícitas reservas críticas por parte de los editores, al parecer discrepantes con el grupo senderista de San Marcos.

Sin duda ello manifiesta la existencia de diversas corrientes en ese extremo del espectro político, pero constituye también una señal en relación a las posibilidades del viraje de algunos sectores de ese campo en dirección de una lógica de efectivo diálogo, obviamente preferible a la práctica deshonesta y autoritaria que manifiestan los autores de aquel texto difamatorio.


    Zenón Depaz Toledo

    Zenón Depaz Toledo

    Opinión

    Columnista