Universidad, Ciencia y Tecnología

Han pasado 190 años desde que transitamos por lo carriles de la era republicana. Sin embargo, podemos afirmar como una verdad axiomática que durante este periodo, el Perú ha quedado rezagado en su desarrollo económico frente a los países dinámicos en el concierto mundial de la economía.

| 20 julio 2011 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.4k Lecturas
1485

Y esto debido fundamentalmente a que hasta ahora ningún gobierno ha logrado hacer un diagnóstico certero de la realidad socioeconómica concreta e intransferible de la sociedad peruana, para pasar de una sociedad estática a otra dinámica. Lo cual sólo puede suceder, si se le concede la más alta prioridad de la política del Estado a la educación, la ciencia y la tecnología, que son los pilares fundamentales del desarrollo económico sostenible, a través del aumento de la productividad del trabajo, y por ende, del desarrollo económico dinámico.

Hasta ahora, el sistema educativo ha fluido por lo carriles tradicionales y que en última instancia se materializó a través de la obtención de un título universitario, el mismo que aparentemente sirve como instrumento de ascensión social. Sin embargo esta errada concepción, alimentada mucho tiempo por falsas orientaciones oficiales y culturales, ha sido adaptada mecánicamente para conformar un sistema educativo que no interpreta ni concuerda con nuestra realidad socioeconómica, caracterizada por un desarrollo económico primario exportador y una incipiente industrialización.

Las consecuencias de esta falsa concepción, se hicieron sentir con clara nitidez en la década del sesenta del siglo pasado, pues en este periodo el sistema universitario peruano conoció una expansión extraordinaria, proyección de intensas presiones sociales. La educación, encargada como un instrumento de movilidad y ascenso social, en un país estructuralmente arcaico pero que no cesaba de crecer vegetativamente sobre todo en el sector terciario, recibió importante apoyo como respuesta política gubernamental y partidaria a las indicadas presiones. Y esto, entre otras cosas, como una forma derivativa de eludir la acción transformadora en el nivel estructural del país para resolver sustantiva y orgánicamente los acumulados problemas sociales.

Hasta 1959 funcionaban nueve universidades. Actualmente contamos con más de 100 Universidades. Pese a todo, no se logra satisfacer al conjunto multiplicado de postulantes que egresan de la secundaria.

La creación violenta y no planificada de universidades, tanto para satisfacer las presiones indicadas como para atender el reclamo provinciano – muchas veces implementado sólo por razones de prestigio regional- y en ocasiones por motivos puramente políticos, no dio buenos resultados. Se ha dicho con razón que la crisis en que cayeron muchas universidades a poco de fundadas obedeció a la improvisación que presidió su puesta en marcha, ya que se constituyeron sin equipo pedagógico, infraestructura adecuada y con una docencia inexperta. Así lo que se ganó en cantidad se perdió en calidad.

En el contexto anteriormente expuesto, no cabe duda que la formación profesional para el trabajo y el desarrollo, para la transformación estructural y para la autoafirmación de la nación, se convierte en el factor de primer orden del proceso de desarrollo económico.

¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


En este artículo: | |


...

Carlos Torres Flores

Opinión

Colaborador