Una oposición de medio pelo

Ayer por la mañana escuchaba a Velásquez Quesquén decir que entre las tantas contradicciones de este gobierno estaba el encargo que la ministra Salas hizo para que uno de sus asesores se entreviste con el Movadef.

| 04 setiembre 2012 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.4k Lecturas
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Y era obvio que no se trataba de una confusión de términos sino de una manera de decir que el diálogo del asesor con un dirigente de la huelga magisterial equivalía a juntarse con los auspiciadores de la amnistía para Abimael Guzmán y quién sabe de la próxima subversión armada. Velásquez puede parecer pero está demostrado que definitivamente no es.

Lo que también está quedando cada vez más claro es que el debate nacional se está empobreciendo de manera dramática no solo por la “mediocridad” que Rosa María Palacios imputa al actual gobierno, sino por la calidad de lo que ahora se llama oposición y que es capaz de reclamar por la duración de los conflictos y la inacción del gobierno, y al mismo tiempo por los intentos de abrir espacios de diálogo y concesión, como si quisieran tener a Ollanta constantemente contra las cuerdas.

El levantamiento del estado de emergencia en Cajamarca es otro caso. Hace un mes parecía casi un consenso que uno de los más graves errores del gobierno había sido ofrecer un gabinete de diálogo, en tono opuesto al presidido por Óscar Valdés, y prorrogar luego una situación de excepción en las tres provincias cajamarquinas que se han convertido en el foco del conflicto de Conga.

Ahora, sin embargo, el mismo Velásquez y la prensa que lo acompaña sostienen que ha habido una bajada de pantalones presidencial, con lo que quieren decir que la presión militar-policial debía haberse mantenido para sostener los intereses de la gran minería; no obstante, que el 80% de los habitantes de la región la rechazan.

Es evidente que ni la huelga de Conare que ha afectado seriamente el desarrollo del año escolar en varios departamentos, ni luchas regionales como la de Cajamarca o la de Espinar, son el meollo de la preocupación de apristas, fujimoristas y de la prensa de la Derecha Bruta y Achorada. Por eso atacan sus efectos y boicotean las vías de negociación. No se atreven a decirlo, pero están postulando una ruta de mayor enfrentamiento que la que ya se vivió entre diciembre y julio con lamentables resultados.

Tenemos una oposición que ha descubierto que el talón de Aquiles del gobierno nacionalista es la desconfianza y el encono que han nacido del viraje político producido en el momento en que se asume el poder y que ha calentado las tensiones sociales en diversos sectores y regiones del país. En ese contexto, lo que hacen Velásquez, Mulder, Chacón o Kenji es meterle leña al fuego para que el incendio sea más fuerte.

Lo mismo sucede en ese debate sobre qué hacer ante un hipotético terrorismo que nos enreda en debates sobre prohibiciones cada vez más duras que pueden terminar convirtiéndose en una telaraña antidemocrática contra todo el mundo. Podríamos decir, parafraseando a la doña, que la mediocridad está llenando el escenario y que los riesgos de que algo así siga expandiéndose realmente son muy serios.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista