Una luz en la oscuridad

Rafael Rodríguez se levantó con unas ganas extrañas de poner fin a sus días. Sus deudas habían crecido tanto que ya no tenía a quién pedirle prestado dinero. Harta de sus cosas, su novia lo había dejado después de tres años, confundida por los galanteos del gerente de una empresa repartidora de gaseosas.

Por Diario La Primera | 09 oct 2012 |    

Le daba pena mentirle a su madre, que vive en el extranjero, de que ya estaba trabajando. Rafael Rodríguez no podía conseguir un empleo seguro por su timidez y porque quería hacer solo lo que le gustaba y todos los empleadores le pedían que tuviese títulos y más títulos. Se enredó con estos problemas y empezó a pensar que sus días tenían que terminar y apenas había cumplido 25 años de edad. Vivía en un cuarto pequeño de baño compartido en la azotea de un edificio de Lince, cuya dueña lo quería botar porque no había pagado varios meses del alquiler. Esa mañana en que se había levantado con ganas de morir, no intentó hacerse daño. Deambuló por las calles, triste y cabizbajo, pensando en qué pasaría con su madre si atentaba contra su vida y por momentos recordaba las tardes de felicidad que había vivido con su novia. Llegó caminando al cruce de las avenidas Javier Prado con una arteria pequeña de San Isidro.

Quiso cruzar la avenida Javier Prado, porque el semáforo estaba en verde, pero dudó. Se detuvo y no entendió por qué. Después de unos segundos una camioneta inmensa chocó contra un auto ligero en plena Javier Prado y los vehículos dieron varias vueltas de campana y cayeron destrozados en las líneas peatonales por donde iba a cruzar. “Mierda”, gritó y se quedó pasmado por el accidente, y de pronto le entró una felicidad inmensa que lo motivó a correr hasta su cuarto para sacar sus últimas monedas para llamar a su madre.

—Mami, estoy recontra misio.

—¿Qué pasó?

—Es que tuve algunos gastos.

—Envíame algo de dinero, por favor. Te pagaré.

—Ay, hijo, claro.

Luego de la conversación, Rafael Rodríguez, silbando de buen ánimo, empezó a ordenar su cuarto y a planchar su ropa para buscar trabajo.


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