Una importante cumbre

En tiempos de globalización y de necesarios contactos y relaciones con todo el mundo, hay que celebrar la realización de la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América del Sur y los Países Árabes que hoy culmina en nuestra capital peruana.

| 02 octubre 2012 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 785 Lecturas
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Si bien los ojos mediáticos están puestos en las grandes posibilidades de inversión de capitales de esa región y de las perspectivas que ofrece como mercado para los productos peruanos de exportación, la cita tiene indudablemente un contenido político.

La búsqueda de coincidencias entre ambas regiones en temas cruciales para ambos ha sido intensa y es seguro que la Declaración de Lima recoja puntos de consenso como la condena al terrorismo y el armamentismo, la cooperación, el desarrollo y el medio ambiente, así como referencias a problemas específicos que preocupan a los participantes.

Es de esperar que la declaración contenga expresiones de apoyo al reconocimiento de Palestina como Estado no Miembro de la ONU, lo que le permitiría participar en agencias y organismos de la organización mundial.

El drama de Siria ha sido objeto de un pedido de búsqueda de soluciones urgentes y ayer ganaba fuerza una corriente, apoyada por importantes naciones sudamericanas, a favor de una salida pacífica soberana que excluya la intromisión extranjera y el suministro de armamento a las partes en conflicto.

Argentina espera un reconocimiento de su reivindicación soberana sobre las Islas Malvinas que no se limite a llamar a las partes a sentarse a negociar, algo a lo que Inglaterra se ha negado durante años, porque no se trata de un problema limítrofe entre países vecinos, sino una situación colonial que debe ser erradicada en aplicación del derecho internacional.

Es saludable que los sectores retardatarios que suelen pretender que el Perú solo profundice relaciones con países occidentales y preferentemente ricos, no hayan reiterado la letanía de que no hay nada supuestamente en común entre el Perú y las complejas sociedades árabes que, como nosotros, buscan los caminos para la construcción de democracias participativas y que solucionen los problemas del subdesarrollo, en aras del progreso y la inclusión.

Lo moderno, contra lo que piensan esos criterios conservadores, es buscar presencia en el mundo, participar en sus problemas y contribuir a las soluciones, enriqueciéndonos con esa relación, en beneficio mutuo.

No está demás, por cierto, recordar que la presencia árabe en el Perú no solo está dada a través de nuestra raigambre hispana, sino también con su presencia directa y su influencia cultural consiguiente, desde los días de la conquista española.

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