Una nueva estrategia de desarrollo

La mejor estrategia para que los países del sur alcancen sus objetivos de desarrollo consiste en centrarse en un plan productivo para los diversos sectores y que el Estado desempeñe un papel clave en la coordinación de las actividades económicas generales, en especial el estímulo al sector privado nacional.

Por Diario La Primera | 25 jul 2010 |    
Estas ideas simples han resurgido y es muy probable que se conviertan en la pieza central de un nuevo paradigma de desarrollo. Los países en desarrollo están constatando el fracaso del modelo neoliberal y ahora procuran aprender de las políticas aplicadas por los países asiáticos más exitosos.

El enfoque ortodoxo, neoliberal, postula que el gobierno debe ocuparse lo menos posible de la economía. Los países que no dependieron de los préstamos del FMI y el Banco Mundial se libraron de seguir estas políticas.

Así, muchos países asiáticos pudieron combinar las políticas liberales con una fuerte presencia del Estado. Si bien se debilitó el predominio estatal en algunas áreas, los gobiernos conservaron un fuerte papel rector en las políticas de inversión, financieras y comerciales.

Los planes de cinco años y las políticas nacionales para ciertos sectores son instrumentos que les dan a esos gobiernos un papel primordial en la economía.

Hay una apertura general a la inversión extranjera, pero está regulada en cuanto a los sectores en los que van a participar. Esto procura preservar a las empresas y agricultores nacionales y que los beneficios sean compartidos a través de impuestos, retención del valor agregado en la economía y transferencia de capacidades y tecnología.

También hay una apertura general al comercio, en especial en la utilización de las exportaciones para el crecimiento. Sin embargo, la liberalización de las importaciones está calibrada para permitir el abaratamiento de los insumos necesarios para la producción y, a la vez, impedir que los productos nacionales se vean relegados por importaciones baratas.

Por el contrario, muchos países de África y América Latina siguieron las crudas recetas neoliberales y el Estado dejó de intervenir directamente en la economía, sin preservar al sector privado nacional.

El FMI y el Banco Mundial les ordenaron a muchos países africanos que retiraran el apoyo estatal a los agricultores y bajaran sus aranceles, lo que abrió la puerta a alimentos altamente subsidiados, como los productos avícolas europeos y el arroz estadounidense. La caída del crecimiento económico desincentivó la inversión de las empresas extranjeras, salvo para extraer minerales y madera.


    Martin Khor

    Martin Khor

    Opinión

    Colaborador