Una compleja decisión

La presidenta de Argentina ha tomado una decisión de impacto mundial, al presentar al Congreso de su país un proyecto para expropiar parte del paquete accionario de la empresa estatal privatizada YPF que estaba en manos de la española Repsol.

| 21 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 782 Lecturas
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Para ello, ha argumentado que Repsol, que manejaba YPF, no había cumplido sus compromisos de inversión, lo que significó el descenso de la producción petrolera hasta niveles críticos; puso en crisis energética a Argentina y en cuidados intensivos a las relaciones entre el gobierno y la transnacional hispana.

La medida ha motivado pleno apoyo interno a la administración argentina, pero al mismo tiempo una fuerte reacción del gobierno español, de un contenido y un tono lleno de amenazas y arrogancia, que parece olvidar que el imperio colonial hispano feneció en el siglo XIX y los países latinoamericanos están celebrando el Bicentenario del inicio del camino a su independencia.

La actitud de la vieja metrópoli, que ha sido aplaudida en nuestro medio por los mismos que se ponen del lado de Inglaterra contra Argentina y el Perú, es inadmisible y merece el rechazo de quienes respetamos las decisiones soberanas de un país hermano como Argentina.

Pero, creemos pertinente decir también, que la Jefa de Estado argentina debería meditar sus acciones y no exponer a su gobierno y a su país a un posible aislamiento por un objetivo –el control de YPF para garantizar la seguridad energética de su patria- que, ciertamente, es plausible, si se tiene en cuenta que la gran mayoría de las naciones del continente tienen la propiedad o el estricto control de sus fuentes de energía, por ser estratégicos.

Pensamos, sin embargo, que tan plausible objetivo tal vez pudo alcanzarse mediante el diálogo y el consenso o mediante la aplicación de los mecanismos legales, para hacer que la empresa española cumpliera la obligación de invertir a fin de garantizar el suministro de energía para el desarrollo del país.

Ese camino es el aconsejable en estos tiempos de globalización, en el que las naciones deben hacer esfuerzos por mantenerse insertadas con racionalidad en el concierto internacional, sin que ello, por cierto, signifique someter su soberanía y sus intereses a intereses extraños.

Es de esperar que la crisis entre Argentina y España llegue a una solución de entendimiento que atienda los intereses de las partes, sin imposiciones ni amenazas como las que esgrime Madrid y con respeto a la independencia y la dignidad del país hermano.


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