Un misterio llamado Obama

Podríamos empezar hablando de Sarah Obama, una aldeana de Kenia que tuvo un hijo que viajó a Estados Unidos, se doctoró como economista en Harvard y se casó con una antropóloga que había estudiado en Hawai.

| 06 junio 2008 12:06 AM | Columnistas y Colaboradores | 514 Lecturas
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Podríamos recordar que de esa unión nació Barack Hussein Obama, el candidato demócrata a la Presidencia de la mayor potencia del mundo.

Pero más que su pasado, lo que importa de Obama es qué significa si llega a gobernar. Se lo compara con John Kennedy, que tuvo su Bahía de Cochinos y la amenaza de una guerra nuclear durante la crisis de los misiles. Podría ser tal vez un Jimmy Carter, un defensor de los derechos humanos que fue catalogado como un presidente demasiado débil.

Obama habla de las divisiones raciales y sociales que debe superar su país. De un mundo viejo que agoniza bajo el comando de los guerreristas y cuya única esperanza es establecer puentes con los antagonistas.

Habla de esperanza, de aquella ‘de los esclavos entonando cánticos de libertad frente a la lumbre, la de los inmigrantes que emprendieron rumbo a costas lejanas, de los trabajadores que se organizaron, de las mujeres que lograron el voto”. De la esperanza de curar a su nación y reparar el mundo. Pero todo eso podría no ser más que retórica.

El pueblo estadounidense está harto de los métodos cocinados en Washington D.C. Está hastiado de las mentiras de Bush y deseoso de hallar una persona consecuente. Hillary estaba demasiado pegada a la política tradicional y por eso fue rechazada. Barack Obama es, en realidad, un ‘outsider’.

Obama ha prometido regular el funcionamiento de Wall Street y terminar con la guerra de Iraq retirando en poco tiempo al ejército invasor. Dos puntos clave para solucionar la crisis interna y mundial por la que pasa Estados Unidos. En ambos casos, se enfrentará a enemigos poderosos e influyentes. La mafia que mencionamos no se cruzará de brazos.

Pese a ello, hay aspectos que no podrá corregir pues son pilares de la política norteamericana. Quizás el más importante es el tema de Israel. Ante el ‘lobby’ sionista acaba de lanzar tres promesas que lo hacen parte del ‘stablishment’ que dice combatir: ha dicho que la alianza de EE.UU. con Israel seguirá a prueba de bombas, que Jerusalén no es negociable en ninguna conversación para establecer un Estado palestino, y que la opción de la guerra no está descartada en el caso de Irán, el principal enemigo del Estado judío en Medio Oriente.

Barack Obama sabe que caminará sobre minas, no sólo en la campaña electoral sino especialmente si triunfa. Ese día se develará el misterio del niño delgado que quería un lugar bajo el sol y del hombre que lo obtuvo.


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Julio Altmann

Bajo la lupa

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