Un ministro contra el trabajo

Que el ministro de Trabajo llegue retrasado al aeropuerto pero crea que puede detener el despegue de los aviones a punta de carajos y de prepotencia sobre los trabajadores encargados de decirle que eso no era posible, debe ser un síntoma de que algo está pasando en el gobierno de Ollanta Humala.

| 02 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 896 Lecturas
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Desde la lejana época en que se nombró como viceministro a un sindicalista y el presidente se reunía con las centrales, asegurándoles que este gobierno sacaría adelante la Ley General de Trabajo que estaba entrampada más de diez años para equilibrar las relaciones laborales, hemos dado una vuelta tan redonda que ahora tenemos al propio ministro no solo como agresor público de trabajadores, sino como cínico negador de lo que todos los que estuvieron presentes saben qué ocurrió en el aeropuerto Rodríguez Ballón de Arequipa.

Esto quiere decir más o menos que el ministro ha oficializado una línea: se abusa y se niega, y los implicados se allanan para no hacer más problema, sobre todo si se trata de un hombre del gabinete Castilla, que existe como factor real dentro del gabinete irreal de Juan Jiménez.

Dicen los que saben del tema que Villena es tan prepotente con el personal del ministerio como lo fue con la encargada del mostrador de LAN hace unos días. Trabajadores que sufren por los sobrenombres agresivos que les impone su ministro para llamarlos o que son humillados con sus arranques de cólera, forman parte de historias que pueblan el local de la avenida Salaverry.

Pero quizás sea más elocuente recordar una anécdota de cuando Villena todavía no era ministro e integraba, como director de Recursos Humanos del Ministerio de Economía, la comisión para el aumento de sueldos a los policías y militares, y se discutía el tema de las pensiones reajustables. Ahí el tipo dijo que el problema era que los militares y policías en retiro se demoraban mucho en morirse y estaban costando demasiado al Estado.

Luego vino su actitud en el asunto del salario mínimo que logró dividir en dos tramos y que quiso detener en su segunda entrega, trasladando la aprobación al Consejo Nacional del Trabajo, donde los empresarios representaban la oposición a esa medida.

El actual ministro de Trabajo ya hizo sus faenas principales con el pase del proyecto de Ley del Trabajo a nueva etapa de elaboración, enviándolo a las calendas griegas, y con el cambio de la presidencia de la seguridad social.

Esto era lo que querían la Confiep y su jefe Miguel Castilla, y se hizo con el método del poco a poco y de la apariencia de moderación que luce el ministro de Economía.

Pero por lo que se ha visto esta semana, la naturaleza de los personajes que se han ido apoderando del poder desde el comienzo del gobierno Humala, está actualmente mucho más cerca de salir a flote. El ministro de Trabajo, antitrabajadores, pone al gobierno prácticamente al desnudo.

Ahora Ollanta, que no ha sido capaz de soportar escándalos mucho más artificiales y sobredimensionados con otros ministros y autoridades y los ha dejado caer, tiene que demostrar que también cuando se trata de miembros del batallón Castilla funciona el mismo criterio, sobre todo cuando se comprueba que el incidente del ministro Villena tiene tan hondo filo político que si queda impune será la puerta para consagrar la inimputabilidad de los ministros.

Como dice la CGTP, el ministro Villena, que trata mal a los trabajadores, nunca actúa igual hacia los empresarios. Pero si ya se sabe quién es Villena, falta saber cómo responderá Humala.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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