Un merecido desplante al Banco Mundial

Cuando el gobierno de Ollanta Humala cumplía sus primeros tres meses, llegó a Lima un señor turco llamado Hasan Tuluy, en su primera estación de una gira por América Latina.

 

| 05 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.5k Lecturas
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Desde enero será el Vicepresidente del Banco Mundial en la región. Cuenta la prensa limeña que llegó con un fondo de ¨ayuda¨ de tres mil millones de dólares, el doble de lo que los expertos que conocen los paños menores de la economía oficial dicen que será la contribución de las grandes empresas mineras para el llamado desarrollo nacional. El sábado 27 de octubre, un par de días después de la llegada del señor Tuluy, el presidente ecuatoriano Rafael Correa abandonó una sesión de la Cumbre Iberoamericana en Asunción, Paraguay, cuando Pamela Cox, la vicepresidenta saliente del Banco Mundial en América Latina, comenzó su exposición. “En un foro iberoamericano por qué tengo que escuchar las cátedras de la vicepresidenta del Banco Mundial que chantajeó abiertamente a mi país”, dijo Correa, antes de retirarse de la sala, de acuerdo a la versión de la Agencia France Press. No hace mucho tiempo, Correa expulsó al representante de ese Banco en Ecuador por negar al gobierno ecuatoriano la entrega de un préstamo debidamente acordado antes de que él fuese elegido presidente. Correa dijo también: ¨Esta señora me dijo: No le vamos a dar el crédito porque ha cambiado la política¨. Finalmente dijo que no entendía ¨por qué tenía que escuchar a una burócrata internacional. Al menos que empiece pidiendo disculpas por el daño que le ha hecho a América Latina, y a los países del planeta¨.

No es ángel de mi devoción el presidente Rafael Correa, pero su gesto de independencia y de coraje político para hacerle ese desplante a tan importante funcionaria me parece digno de aplauso. Esta vez, el rey de España no le dijo ¨por qué no se calla¨, célebre frase contra el presidente venezolano Hugo Chávez, en otra ¨cumbre¨ de los presidentes de América Latina con ¨su magestad¨. Lo normal es que en este tipo de reuniones el libreto común sea respetado, pero de vez en cuando se oye una voz disidente que rompe la monotonía del Sí señor, lo que usted quiera y ordene señor. El Banco Mundial asiste por el peso real que tiene en el cogobierno de nuestros países. Sus técnicos están en todos los ministerios promoviendo y monitoreando los proyectos oficiales salidos de sus propias canteras y de los técnicos peruanos que saben bien para qué hay fondos disponibles y para qué no. Es obvio que el Banco presta a quien acepta sus reglas de juego. Lo lamentable es que los contribuyentes estamos obligados a pagar esas deudas que los gobiernos contraen para hacer lo que el Banco Mundial quiere. Hasta esos predios privados no llega la soberanía del voto popular. Ese y otros bancos tienen la sartén por el mango y hacen lo que buenamente quieren y pueden.

Sería interesante conocer con qué proyectos trata el gobierno peruano de conseguir préstamos de ese y otros Bancos y si esos proyectos tienen algo que los diferencie de los gobiernos anteriores. Si la promesa de la ¨Gran transformación¨ tiene algo de verdad, el gobierno de Ollanta Humala debiera mostrar un filo crítico y de independencia como el de Rafael Correa en Asunción. Nuestros derechos en las elecciones no tienen validez alguna en el terreno de la información, discusión y acuerdos de los proyectos cuyos costos debemos pagar, independientemente de si sirven para algo o no. Los funcionarios del Banco Mundial son aves de paso, clandestinas figuras, conocidas y temidas en los pasillos de los ministerios y el palacio de gobierno. No aparecen nunca para debatir o discutir. Cuando lo hacen es para firmar acuerdos, sonreír en las fotos oficiales. El Banco es permanente, sus funcionarios no. ¿Hasta cuándo tenemos que financiar los proyectos que nos imponen?


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Rodrigo Montoya Rojas

“Navegar Río Arriba”