Un día después de una boda…

Los Juegos Olímpicos duran 15 días, los que pasan más rápido que el jamaiquino Usain “Relámpago” Bolt en plena carrera. La velocidad del tiempo no deja ni respirar, un día todos quedamos impresionados con las medallas de oro del “pez” Phelps, y al siguiente vemos como Kobe Bryant y su banda aplastan sin piedad a uno más de los rivales de turno. Los juegos son como menú de un restaurante exclusivo: cada día un plato estrella.

Por Diario La Primera | 24 ago 2008 |    

La primera semana es la natación, sigue el atletismo y ahora, como postre, las finales de equipos, entre ellas las de fútbol y baloncesto. Tenía mucha fe en la selección argentina de baloncesto, pero la gran estrella albiceleste, Ginóbili, salió lesionada en el primer cuarto. Estados Unidos ganó 101-81 y ya nadie le quita el oro. Sería el mayor milagro de la historia que España o Lituania derroten a los “american boys”.

En fútbol, al cierre de esta columna, jugaban Argentina y Nigeria (ver página 20). Después de humillar al Brasil de Ronaldinho, los argentinos están crecidos y creen que Nigeria es “pan comido”. Los nigerianos corren como Bolt, corren y corren con sus piernas negras y largas, y podrían dar otra sorpresa (como todos saben, ganaron sin ser favoritos la medalla de oro en Atlanta, 1996, contra el mismo rival de hoy).

Estas últimas horas de los juegos son extrañas… Donde anteayer existía vida, ahora es desierto. Hoy recorrí el estadio de tenis, parecía un cementerio. ¡Pensar que hace cinco días era un circo multicolor, con las finales del deporte blanco! Bueno, el mismo silencio invadirá otras tantas instalaciones olímpicas. Será como el día siguiente de una boda: por el piso un montón de recuerdos de una noche feliz.

Los atletas tienen una doble sensación: una de emoción, porque han participado en unas Olimpiadas, y otra de tristeza, porque todo termina. Como la “jubilación” del español Joan Llanera, ganador de medallas en tres olimpiadas (Sydney, Atenas y Pekín), con más de 18 años en la alta competencia y que no sabe otra cosa que ir y venir en bicicleta. Sus medallas ya son historia, ahora Joan tiene que reinventarse para ganarse no una carrera más sino el resto de su vida.

Es cierto, el deporte da gloria –una gloria efímera– hasta que llega un vacío que es difícil de llenar. El epílogo de los Juegos Olímpicos es como cuando bebes: euforia, alegría, tristeza, resaca.

Director Internacional de “Don Balón”


    Rogelio Rengel, Jr.

    Rogelio Rengel, Jr.

    Juegos Olímpicos

    Enviado Especial*