Un Congreso en crisis

Hace unos meses circuló en el Congreso una propuesta que aumentaba no solo el monto de lo que se llama Asignación por Función Congresal (o gastos de representación) de los congresistas, sino también que las liberaba del pago de impuestos.

| 23 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 914 Lecturas
Un Congreso en crisis
Más allÁ del aumento
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En aquella oportunidad me opuse públicamente señalando, además, que todos los peruanos debemos pagar impuestos. Hoy que el Congreso ha aprobado un aumento de esta asignación, mi opinión sigue siendo la misma: no encuentro una razón de fondo que lo justifique.

Y así como creo que no debe proceder este aumento, también quiero decir que este no es el problema principal –mucho menos el único- que tiene nuestro Congreso. Soy un convencido que si hoy los parlamentarios ganaran un sueldo mínimo, como algunos proponen, los problemas serían los mismos y hasta, incluso, más graves.

Por eso, exacerbar este tema es una invitación a mirar el árbol y no el bosque, es decir, a tener una visión parcial y poco constructiva al momento de plantear alternativas para un mejor funcionamiento del Poder Legislativo.

Todos recordamos que Alberto Fujimori, en 1992, justificó su autogolpe, entre otras razones, argumentando los altos salarios de los parlamentarios y que prometió que los futuros congresistas iban a ganar un sueldo mínimo.

Como sabemos, sucedió todo lo contrario, porque con Fujimori el nuevo Congreso unicameral se convirtió en uno de los más costosos de la región.

En este contexto, lo primero que hay que decir es que el Congreso como órgano legislativo, representativo y fiscalizador, atraviesa por una profunda crisis de legitimidad. Todas las encuestas le dan al Congreso –también a los partidos y a las instituciones del régimen democrático- bajos índices de aprobación. No es extraño por ello que la queja sobre los sueldos de los congresistas sea la misma hace años: ganan mucho y trabajan poco.

En realidad, el Congreso, en todos estos años, ha perdido poder a favor de un creciente presidencialismo y de una virtual captura del Estado por parte de los poderes fácticos. En la década de los ochenta, en los años previos al autogolpe fujimorista, el Ejecutivo de entonces tenía una mayor producción legislativa que el Congreso. Con el correr de los años, esta tendencia ha ido en aumento.

Se puede afirmar que el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) tiene hoy más poder que el Congreso en temas fundamentales como el presupuesto de la República y el manejo del gasto público. En realidad, es un poder maniatado.

Si la Constitución del 79 quitó a los congresistas lo que se llama iniciativa de gasto, el congreso fujimorista, en este tema, convirtió al Legislativo en un simple adorno en el momento del debate sobre el presupuesto de la República, agudizando así un problema, hasta ahora, sin solución: las demandas sociales, que siempre tienen un carácter redistributivo, no las puede resolver el Congreso, ya que el manejo del gasto público es monopolizado por un MEF convertido en un superministerio y guardián de la receta neoliberal.

Si se compara la Comisión de Presupuesto de los años ochenta, que en esos años era bicameral, con la actual, que es hechura fujimorista, veremos que esta es apenas un pálido reflejo de la primera.

Y si bien no estoy de acuerdo con que se le devuelva al Congreso la iniciativa de gasto, considero que la actual situación conduce únicamente a una crisis permanente y a un mayor desprestigio del Poder Legislativo. Para la población, el Congreso no puede resolver sus problemas como tampoco fiscalizar el gasto.

Lo segundo sobre que quiero llamar la atención, es la campaña política que un sector neoliberal, ligado a los grandes intereses privados, lleva adelante contra el Congreso. Para los neoliberales, la política y los políticos son un estorbo porque pueden influir y regular el “mercado”. Por eso, lo mejor es mantenerlos siempre a raya.

Y si bien hay suficiente material periodístico en el actual Congreso para hacer noticia todos los días, como el caso del aumento de sueldos, es claro que el objetivo principal de este sector no es un Congreso autónomo, transparente y eficiente, capaz de regular y fiscalizar los grandes intereses privados y al propio Ejecutivo (principalmente al MEF). Lo que se busca, más bien, es uno disminuido, con escaso poder político y domesticado por el Ejecutivo y los poderes fácticos.

Hay otros temas sin duda que guardan relación con el desprestigio del Congreso: la crisis de los partidos, el sistema electoral, la ausencia de mecanismos propios para aumentar su legitimidad, el transfuguismo, el uso de los tiempos en el debate parlamentario, el centralismo de la representación política, la mediatización de la política, la penetración de los lobbies, el sistema de elección de los candidatos, la ley de partidos, etc. Temas que nos deben llevar, todos ellos, a debatir seriamente las bases de una reforma integral del Poder Legislativo y del Estado.

Por ello, reiterando mi desacuerdo con el aumento, considero que es una obligación política ir más allá de este tema si queremos tener un Congreso con altas tasas de aprobación, con posibilidades de fiscalización, legislación y representación política en el país; es decir un Congreso al servicio de la democracia y de todos los peruanos y peruanas, especialmente de los sectores populares.


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Alberto Adrianzén M.

Disonancias

Parlamentario Andino