Un buen reformador será

Parece que todo puede ser reformado y mejorado en el Perú, salvo las universidades ; y eso que la conciencia nacional sabe que sólo 15 o 20, no más, merecen llevar tal nombre entre las más de 120 que existen. Lo anterior es válido, si por universidad entendemos el lugar donde docentes y estudiantes estudian e investigan para entregar útiles teóricos y prácticos a la sociedad y donde también se forman profesionales y académicos de alto nivel y no otra cosa.

| 30 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 864 Lecturas
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¿Cuáles son los obstáculos que bloquean férreamente la reforma universitaria? Son varios los que impiden la vía de solución.

Están puestos por intereses diversos, pero coincidentes en mantener el statu quo en el que han promovido o descubierto ricas vetas para medrar en el río revuelto de la mediocridad. Veamos quienes han puesto las piedras en el camino:

El Ejecutivo de turno: No le interesa mirar la universidad, asume la misma actitud de quien se cruza con un loco, voltea la cara y, si puede, cruza a la otra vereda. Sabe que si propone una reforma puede enfrentar una agitación estudiantil y, de todas maneras, tendrá que echar mano al bolsillo, porque toda reforma requerirá mayores recursos que deberá detraer de un arreglo presupuestal ya existente, en el que la universidad siempre ha sido cenicienta.

El Congreso de turno: Ocurre que algunos de los congresistas llegan siendo amigos agradecidos de universidades privadas que los ayudaron a sentarse en la curul; y si no lo son, comienzan a ser cultivados por ellas -no por todas- en una amistad generosa en agasajos y viajes. La contraparte de esta amistad no sean maliciosos, no es una norma a favor de sus universidades, es la no-norma, el silencio, la inmovilidad.

La mediocridad: La actual ley 23733 es perfecta para promover el igualitarismo, los docentes y estudiantes tienen derechos pero no obligaciones. La excelencia docente no se reconoce. Un profesor principal que investiga y publica gana lo mismo que aquel otro que repite el mismo curso en el quinquenio. Las conquistas salariales serán aplaudidas, siempre y cuando no discriminen por méritos académicos. En resumen, la mediocridad está contenta. Que nada cambie porque el suelo está parejo.

Los políticos profesionales: La ley 23733 ha servido para que en la universidad pública prosperen los operadores políticos que invaden y lotizan el poder. El sistema para elegir autoridades es el campo propicio para que prosperen. Si antes la política universitaria era la confrontación de ideas, ahora es más un juego de componendas para arribar al poder y aprovecharse de él. ¿Para qué cambiar las cosas? El capital en la Educación Superior: Con Alberto Fujimori se aprobó el DL 882 Ley de Promoción de la Inversión en Educación que permite a una universidad adoptar la forma de una empresa; es decir sumar a sus objetivos el del lucro. Lógicamente, el capital no está interesado en cambio alguno.


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Javier Sota Nadal

Opinión

Arquitecto