Tumbas reales

Lo que voy a contar es real. Está sucediendo. Así, gerundialmente. Y demuestra hasta qué mundo el mono humano ha cavado para encontrarse con su imbecilidad más pura.

Por Diario La Primera | 25 agosto 2009 |  788 
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Sucede que en 1986 Richard Poncher, de 81 años y muerto de muerte natural, fue enterrado en el cementerio Westwood Village Memorial Park, en Los Angeles, en una tumba contigua –y hasta en un nivel más alto- a la de Marilyn Monroe.

Poncher, un mafioso con algún éxito en Chicago, había adquirido, en 1954, esa última residencia en la tierra de manos del beisbolista Joe di Maggio, quien fue uno de los maridos de la actriz.

Lo que está pasando ahora es que Elsie Poncher, la muy longeva viuda de Richard Poncher, atraviesa por algunas dificultades económicas.

Y no ha tenido mejor idea que rematar a través del Internet la tumba de su marido.

De modo que ha puesto un aviso en el sitio de las subastas más famoso de la red y, según un despacho de la agencia France Presse, ya ha conseguido en eBay una oferta mayúscula de cuatro millones y seiscientos mil dólares.

Más de cuatro y medio millones de dólares para adquirir el derecho de pudrirse cerca de lo que quede de Marilyn Monroe, que fue enterrada allí el 6 de agosto de 1962 luego de suicidarse con una dosis colosal de tranquilizantes.

Para llegar a la suma que terminará por aceptar seguramente, la viuda Poncher fue animando a los 18 postores interesados.

Ninguno de ellos, por supuesto, le preguntó si no sentía algún remordimiento por desalojar de modo tan póstumo e incontestable al que fuera su marido.

En estos tiempos palabras como culpa, escrúpulos o delicadeza parecen no sólo anacrónicas sino también ridículas.

Y la señora Poncher hace tiempo que dejó de tener finezas para con el hombre que, sin duda, debió de odiar a todas las horas de todos los días de no sé cuántos años.

Porque la señora Poncher, según ha confesado a Los Angeles Times, enterró a su marido boca abajo para que molestara menos (o para que mordiera el polvo de la derrota con más rapidez que el común de los mortales, no está muy claro).

Y ahora lo desahucia y lo arroja del mausoleo que el mafioso creyó búnker eterno. Porque las deudas apremian y la casa de Beverly Hills, donde ella también habrá de morir, demanda gastos que no puede cubrir.

¿Qué es más sórdido en todo esto? ¿La trémula codicia de la vieja señora Poncher o el pago millonario por ser enterrado casi encima de Marilyn Monroe? Que Jorge Bruce diga algo, por favor.

En todo caso, la mala racha de Marilyn Monroe no cesa. Porque otro de sus vecinos cadavéricos será Hugh Hefner, el propietario de “Playboy”, quien compró la tumba que da al otro lado en 1992 y al despreciable precio de 75,000 dólares.

Algunos dicen que Hefner piensa hacer en “la otra vida” lo que no pudo hacer en esta: estar cerca de esa niña adorable que Hollywood convirtió en desdichada y los Kennedy en promiscua. Y que, como recordaba Cardenal en ese poema famoso, se murió llamando por teléfono a alguien que no podía contestarle.

Referencia
Propia



    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

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