Tres meses con papá

Cuando su papá se fue de casa para siempre, Marco Antonio apenas tenía ocho años de edad y se quedó con su mamá compartiendo su tristeza. Nunca supo la razón real del abandono de papá, porque la relación de sus padres era muy cordial. Los veía siempre juntos mirando la televisión, jugando en el jardín con el perro. Los sábados iban los tres al mercado del barrio a comprar las cosas para la semana. Todo parecía estar bien; pero de pronto una mañana de domingo en el desayuno su padre dijo que se iba de viaje a Pucallpa y fue la primera vez que su mamá lloró en la mesa.

| 26 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 793 Lecturas
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Cuando Marco Antonio cumplió 12 años de edad, en las vacaciones de verano, le dijo a su madre en un almuerzo cotidiano: “Iré a visitar a papá. Quiero tu permiso”. “No podemos, hijo, tenemos que ahorrar porque entrarás a segundo año de secundaria y las cosas están mal. Además, no…”. “No te gustaría verlo”. “No es eso hijo, perdona pero no podemos ir”. “Mamá, solo quiero tu permiso. Desde que se fue papá yo junté todas mis propinas y tengo dinero suficiente. Sé que él vive en una casita cerca de la Plaza de Armas y no será difícil encontrarlo. Solo quiero tu permiso, mami”.

Marco Antonio viajó el verano del 2000 con un equipaje enorme lleno solo de ilusiones. Cuando vio a su padre se colgó de él y lloró en silencio cerca de 20 minutos.

En una casa pequeña su padre había construido un cuarto hermoso acondicionado para que Marco Antonio pueda vivir cómodamente. “Gracias, papá”. “Lo construí apenas llegué a este lugar”.

Marco Antonio pasó con su papá tres meses hermosos descifrando la vida; pero no logró descubrir por qué había dejado a su mamá si parecía quererla tanto. Tampoco lo intentó. No preguntó nada sobre el tema; porque sintió que su padre estaba bien, solo, en esa casita pequeña cerca de la plaza.

Cuando volvió a casa, su madre le preguntó: ¿Cómo está tu padre? “Está bien, mamá”. “¿Es verdad que construyó una casa pequeña cerca de la plaza?” “Sí, es verdad”. “¿Es verdad que construyó una habitación para ti?” “Sí, mamá, y me dijo que ampliará su cuarto para que vayas a visitarlo”. “Ja. Que siga soñando”.


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