Travesti vende hortelas en bus

Alta o alto, un travesti gigante, como de dos metros de estatura, interrumpe el viaje en el bus que pasa por las avenidas Brasil, Ejército, Pardo, y llama la atención de los pasajeros: “Aquí, en mi país, si tuviéramos más conocimiento, más educación, si seríamos más tolerantes, no discriminaríamos al cholo, al serrano, al negro, al homosexual, al travesti”.

| 17 setiembre 2011 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.8k Lecturas
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El chofer baja el volumen de la radio; el cobrador lo mira de manera extraña; en el último asiento, una señora de cabellos rojos se sonroja; unas chiquillas hermosas medio tontas sonríen y miran hacia la calle; y por ahí unos escolares lanzan carcajadas al aire.

“Yo no tengo miedo y soy feliz. Yo tengo la suficiente personalidad para decir que soy así y salir a la calle para trabajar de manera honrada, digna y honesta, sin vender mi cuerpo porque hay enfermedades y la calle es muy dura”, dice.

El chofer debió estar muy concentrado escuchándolo porque da un frenazo y casi provoca que el travesti se quiebre los tacos. “¡Ay!”, grita y se sostiene de uno de los asientos y sigue con su discurso: “Soy feliz, pero no puedo conseguir un trabajo de esos que llaman normales y por eso tengo que subir a los carros a buscar el apoyo de ustedes. Soy peruano como todos ustedes con la única diferencia que me marginan por lo que soy, me miran mal o miran a la calle”.

Hay un silencio extraño. Las chiquillas hermosas medio tontas están serias ahora y los escolares lo miran, lo escuchan. “Se supone que yo debo tener los mismos derechos que ustedes, porque yo también pago impuestos, pero no es así. No saben todo lo que sufro. Ya mejoran las cosas. No quiero cansarlos. Espero que cada uno de ustedes me colabore comprándome una hortela, un paquetito de caramelos de menta, que apenas cuesta cincuenta céntimos”.

Saca de su cartera una caja verde y empieza a vender sus hortelas por el asiento más cercano al del chofer. “Muchas gracias, muchas gracias”. Una de las señoritas hermosas le compra como cuatro hortelas y le dice en voz baja: “Linda tu minifalda, amiga, linda”. “Muchas gracias, muchas gracias” y sigue vendiendo.


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