Tragedia en Ranrapata

El 9 de julio escribí: “Por tanto, técnicamente hablando el Estado había “secuestrado” a esta población infantil quitándoles a sus familias reales, por una razón de guerra, que es lo que hace al general Guibovich decir que nos hemos evitado 11 futuros guerrilleros” (la nota se denomina “Pioneritos” y se refiere al supuesto rescate de niños en el Vraem que según dice la ministra Jara ya empezaron a ser devueltos porque no eran los guerrilleros potenciales de que hablaba el excomandante general del Ejército).

Por Diario La Primera | 15 setiembre 2012 |  1.8k 
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Por cierto en los días en que me atreví a señalar algo tan fuerte como esto, la mayoría de la prensa y casi toda la clase política estaban borrachitos de entusiasmo por la noticia que se ajustaba como un guante a la campaña que habían lanzado algunos programas dominicales sobre los niños soldados que preparaban las huestes de los Quispe Palomino para su guerra sin fin. Pero como lo indicaba la lógica más elemental, a un grupo casi errante que además busca tener las mejores relaciones con la población (lo que corresponde a su autocrítica del período anterior), le representaría una tremenda carga llevarse niños de las comunidades para concentrarlos en sus campamentos.

Por eso lo más probable era que se tratase de los hijos de los propios subversivos (que también procrean) y si fuese así se entraba en el terreno pantanoso de establecer la legalidad del acto de llevárselos por la fuerza, especialmente a los más pequeños. El hecho es que ahora parece que ni siquiera eran eso, sino pequeños campesinos arrebatados a sus familias a las que han empezado a ser reintegrados. Pero todo esto sale a luz cuando tras otra “impecable” intervención cuyos objetivos según el ministro o el militar que hable son de lo más variables: rescatar niños de un campamento de adoctrinamiento, capturar senderistas en una casa que les daba alimentación, etc., se produce la terrible muerte de una niña baleada desde lejos por un arma de largo alcance cuando aparentemente huía de la confusión creada por las fuerzas combinadas del Ejército y la Policía.

Todo esto además aderezado por un show mediático que repetía la escena de julio de los niños en brazos del presidente, la primera dama y otras autoridades, pero esta vez sin Ollanta que se encontraba en la reunión de APEC en Rusia. Alguien había decidido que este era un momento para la foto y los jefes a cargo de la operación no habían advertido que había una niña muerta de por medio, que era la hermanita de los “rescatados”, y que en paquete que habían traído a Lima estaba la madre de todos ellos. Un formidable enredo porque tampoco había habido campamento senderista y probablemente ninguna necesidad de hacer disparos sobre la gente. Pero como en otros casos, operadores diligentes empezaron a inventar historias de justificación que no han hecho sino hacer más increíble la versión oficial.

Una cadena de preguntas han quedado en el aire: ¿quién es responsable del pésimo trabajo de inteligencia que confundió campamento con casa y terroristas con comuneros?, ¿quién decidió la acción en Ranrapata en ausencia del presidente?, ¿quién ordenó ocultar la muerte de la niña?, ¿quién inventó que los niños traídos a Lima eran “pioneritos”?, ¿quién engañó a la primera dama y a la ministra de la Mujer?, ¿quién emitió el comunicado de Palacio?, ¿quién informó de maneras distintas a los ministros del Interior y Defensa?, ¿quién le dijo a Otárola que volviera a meter el pico y la pata donde no lo habían llamado?

Referencia
Propia



    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista

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