Tragedia del chico maravilla

El error del chico maravilla fue enamorarse de la mujer equivocada. Desde niño fue muy apreciado por su comportamiento ejemplar y por su generosidad espontánea. En la iglesia del barrio, fue el catequista más querido y todas las señoras con hijas soñaban con hacerlo su yerno.

Por Diario La Primera | 06 set 2012 |    

Había ingresado a la universidad a los quince años con un puntaje de privilegio y era tan aplicado que las mejores empresas querían contratarlo antes de que terminara de estudiar. Todas las chicas se morían por estar a su lado para siempre; pero él, en la fiesta de su cumpleaños número 19 quedó prendado de una jovencita de 17 años que había ido a su fiesta siguiendo a su amor imposible: un futbolista del club Universitario de Deportes. El aspecto de aquella chica no se asemejaba para nada a los cánones de belleza de modelos y pasarelas, tampoco tenía un refinamiento que atrae a ciertos hombres ni su inteligencia era sobresaliente en comparación con la de las otras chicas. Nadie sabía qué le había visto a la novia frustrada del futbolista. “No sé qué tiene. Lo único que puedo decir es que la amo con todas las fuerzas de mi corazón”, le confesó el chico maravilla a su mejor amigo, una noche, llorando de amor porque la chica le había mirado con odio al darse cuenta que él la estaba mirando con un amor enloquecido. Un sábado por la tarde intentó hablarle cuando ella caminaba sola cerca del barrio, pero lo rechazó como si fuera un delincuente. “No quiero que me hables, baboso. No te conozco. Si vuelves a dirigirme la palabra, grito y te acuso de cualquier cosa”, le dijo. El chico maravilla cayó en cama. Caminaba por las calles como moribundo de amor. Empezó a sacar malas notas, a perder amigos, perder la confianza de su mamá. Cada vez que intentaba hablarle a la chica le iba peor. Su vida giraba en su obsesión enfermiza por estar con ella; pero los rechazos de la chica, cada vez más horribles, lo empujaron a la tristeza, y con el paso de las semanas empezó a odiarla. No solo a ella sino a todas las mujeres. Una chica que lo perseguía desde que era adolescente le dijo un domingo por la tarde: “quiero estar contigo, porque lo único que hago en esta vida es pensar en ti”. “No quiero que me hables, babosa. No te conozco. Si vuelves a dirigirme la palabra, grito y te acuso de cualquier cosa”, le contestó a la pobre muchacha que se moría por él.


    El Escorpión

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