Todos los días lo mismo

Se levanta a las seis en punto de la mañana, todos los días. A las nueve, ya en el trabajo, toma el primer café del día; el quinto, a las siete de la noche en punto. Nunca antes, nunca después.

| 21 setiembre 2011 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 794 Lecturas
794

Sus compañeros de labores creen que no se cambia de ropa sin saber que en su casa tiene varios juegos de prendas del mismo color: casaca azul, pantalón gris, zapatos negros y camisas que contrastan.

Cuando va al mismo restaurante de siempre, la misma mesera le dice: “Un ratito, señor, que pronto su mesa estará libre. Ah, está listo ya su bistec con papas fritas, arroz blanco y su tercer café”.

—¿Ah señor, por qué le dice tercer café?

—Es que no es el cuarto.

Regresa a su casa a las nueve y quince de la noche por la misma calle después de comprar tres panes: uno para la cena y dos para el desayuno del día siguiente.

Es tan ordenado que jamás rompe su rutina de ir de su casa al trabajo y del trabajo a su casa. Miento: hace cinco años, le pagaron un mes de vacaciones en Ica; pero volvió a su hogar en dos días porque sintió que le estaban jodiendo la vida.

Se corta el cabello el penúltimo martes de cada mes en la peluquería de doña Margarita. Le tocó ayer. La peluquera le preguntó:

—Don Alberto, ¿por qué usted es tan así; por qué hace usted todos los días casi las mismas cosas?

—¿Y por qué no?

La peluquera no supo qué decir. Todo el barrio sabe que ella siempre estuvo enamorada de él; pero él se casó muy joven y desde entonces no se le conoce otra mujer que doña Rita.

Los jóvenes del barrio dicen: “Ese tío es un exagerado. Quiere diferenciarse del resto haciendo las mismas cosas”.

Lo invitan a cumpleaños y don Alberto dice no; quieren llevarlo a cenar y nada; se rehúsa a ir al cine; no quiere ir al estadio ni a ningún concierto. Nada de nada.

Ayer llegó a su trabajo feliz de la vida con una sonrisa brillante y sin casaca. Sus compañeros se sorprendieron. Una de sus amigas cercanas se atrevió a preguntarle:

—¿Y esos ánimos, don Alberto?

—Es que hoy he decidido cambiar.

Toda la oficina empezó a aplaudir y don Alberto se sonrojó tanto que su amiga lo sacó de la oficina.

—¿Qué sucede?

—No voy cambiar en nada.

—Pero usted me dijo.

—Quise decir que hoy comeré cau-cau en vez de bistec con papas fritas y arroz. Solo eso.

¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.



...

El Escorpión

El Escorpión

elescorpion@diariolaprimeraperu.com