Todos escriben sobre Veguita… y yo también…

Jorge “Veguita” Vega ha logrado a su muerte una muy rara unanimidad en la prensa limeña: los mejores han escrito sobre su vida, virtudes, razones de estimación. Bellos y sentidos textos de Lévano en La Primera, Gorriti en Caretas, Hildebrandt en su semanario, Páez en La República, Cárdenas en El Comercio, y sigue la lista. Elogian al que probablemente será recordado como el último librero ambulante de Lima.

| 03 febrero 2013 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 819 Lecturas
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Y estamos esperando el texto que seguro le dedicará el gran Víctor Hurtado, amigo y cliente entrañable.

Entonces, yo también escribo sobre Vega pero hago la diferencia porque, la verdad, nunca le compré un libro, jamás me tomé un trago con él porque soy abstemio crónico y tampoco lo acompañé alguna vez a visitar putas porque siempre detesté los burdeles. No presumo, enfatizo, de haber sido su amigo porque solo intercambiábamos saludos amables y uno que otro dato biográfico (sí, biográfico, no bibliográfico).

Pero teníamos en común lo más importante, esto es, la pasión por la cacería de libros viejos, raros, la búsqueda de textos difíciles de encontrar incluso en las bibliotecas.

Por años coincidimos en lugares de venta de libros viejos (no confundir con usados) y disfruté de su estilo de cazador de joyas. Tropezamos en zaguanes del viejo Centro, puestos de la avenida Grau, me hizo sentir seguro en la cachina de La Parada, hurgamos en rincones del jirón Quilca, nunca coincidimos en la Feria del jirón Amazonas... porque eso era para aficionados…

Pero no hay ni habrá más Veguitas en las redacciones sencillamente porque éstas ya no son las mismas ni los periodistas tampoco. Las viejas redacciones eran custodiadas por amables porteros, veteranos y amigables, absolutamente contrarios a los huachimanes de hoy que solo dejan pasar al que tiene carnet. Hoscos, desconfiados, verían a Veguita como un probable peligro.

Además, las damas están hoy en mayoría en las redacciones. ¿Se imaginan a las coleguitas bebiendo, maldiciendo y… etc. en un fin de semana?

O sea, con Veguita no solo se marcha el viejo estilo de vender libros sino también lo que quedaba de esas redacciones de chelas y burdel en las quincenas, de charlas interminables en cafés del centro porque hace muchos años que ningún colega toma lonche en El Hueco de la Pared de la calle Jesús María.

De una u otra forma con Veguita se marcha también el entorno de la generación de periodistas de los cincuentas y sesentas, de aquel ambiente irrecuperable del cual era gran personaje.

Hildebrandt se despide de Veguita diciéndole: “Nos vemos en el suelo”. Vale y me aúno.


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Juan Gargurevich

Opinión

Columnista