Timidez

Rubor, sofoco, sonrojo, corte, bochorno, retraimiento, modestia, embarazo, apocamiento, inhibición, roche son algunos sinónimos de este comportamiento no tan agradable por cierto para quien lo manifiesta. No se nace tímido, se adquiere este comportamiento ya sea por factores físicos o sicológicos, es decir, determinadas causales originan este comportamiento. Debilidad en el físico al nacer o una crianza con sobreprotección son dos de las más frecuentes.

| 23 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 887 Lecturas
887

El comportamiento inhibido, es decir el reprimido, es también una forma de timidez. El no atreverse, apartarse, hacerse a un lado, evitar el mostrarse, son manifestaciones de timidez que no ayudan a una buena valoración de nuestra personalidad. Nos mostramos débiles no confiables y por tanto con pocas posibilidades de socializar.

Hay quienes en su cumpleaños no quieren soplar las velas de la torta si no están acompañados por alguien y hay en cambio quienes sin ser los del cumpleaños quieren soplarlas al lado del cumpleañero. La inhibición se manifiesta comúnmente por un pobre lenguaje gestual, en la postura, en la forma de caminar, de estar, en el rostro, en los ademanes, en la mirada baja que evita el contacto. También se reconoce la inhibición en una voz poquita, es decir, en una voz, débil, bajita, poco audible, sin sonoridad y difícil de entender. El comportamiento opuesto al del inhibido es el desinhibido. Una persona desinhibida participa, interviene, se muestra, se hace escuchar, se comporta con seguridad, con firmeza, es dueña de sus actos. Pasar de la inhibición a la desinhibición es un proceso mediante el cual la mayoría de los casos de timidez pueden resolverse favorablemente.

La inhibición se evidencia con frecuencia en el comportamiento social y en el hablar en público, dos actividades que ocupan una buena parte de nuestro quehacer. En reuniones organizadas por empresas podemos ver a funcionarios que correspondiéndoles ser anfitriones se esconden literalmente de los invitados y buscan protección entre compañeros con similar vocación al ocultamiento y fobia a la mostración. Igual comportamiento observamos a menudo en quienes tienen, por razones de trabajo u otras, que hablar en público: transpiran más de la cuenta, se les nubla la vista, la respiración se les acelera y maldicen el estar en ese encargo.

No es bueno vivir en aislamiento. Somos individuos sociales y por tanto debemos procurar el aprender a sentirnos bien entre los demás, entre nuestros iguales y para ello debemos comenzar por evaluarnos para identificar el origen de nuestra timidez y, si podemos solos, combatirla iniciando el camino hacia la desinhibición a partir del reconocimiento de nuestras fortalezas, de lo que hacemos bien y trabajando por mejorar una a una nuestras debilidades. Si así no fuera, quiero decir, si no podemos conseguirlo nosotros solos, entonces recurrir a la ayuda profesional es el camino.

¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


En este artículo: |


...

Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista