Tierra de perdedores

Esta vez, la guerra perdida de Vargas Llosa no se libra en el fin del mundo sino en la Argentina de Cristina Fernández de Kirchner, pero como en la historia de los Canudos, está irremediablemente condenada a sucumbir, quizás no por ilusa pero sí porque la racionalidad del mundo moderno no admite batallas de este tipo.

| 24 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.7k Lecturas
1739

Lo dice con sus palabras en una de sus colaboraciones para el diario español “El País”, que aquí reproduce “La República” cada dos semanas: “a Argentina le van a llover las demandas ante todas las cortes e instituciones de comercio internacionales y sus relaciones no solo con España sino con la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, etcétera, se han vuelto ahora conflictivas”.

Así la España de Rajoy, desaprobada por sus pares de Europa que le están obligando a ajustarse y seguir el camino destructivo que hicieron transitar a Grecia, Italia y otros países, sigue siendo parte de la elite mundial si se trata de inversiones de ultramar. Ahí todos cerrarán filas contra Argentina sin escuchar sus razones.

Por eso nuestro mayor escritor apunta que el modelo chavista transportado al Río de la Plata consiste en someter a un hostigamiento sistemático a las empresas que le impidan operar con normalidad e irlas empobreciendo y arruinando y luego, cuando las tiene “con la soga al cuello”, quedarse con ellas a precio de saldo.

Pero si uno ve lo que estuvo realmente pasando en Argentina antes de que la presidenta hiciera su declaración sobre Repsol, que son varios años de negociaciones para que la petrolera incrementara sus inversiones, porque la producción y las reservas declinaban peligrosamente y no sostenían el crecimiento económico del país. A esos requerimientos los españoles contestaron aceptando los términos del gobierno pero incumpliéndolos.

Un largo período de mecedora puso las relaciones al rojo vivo, pero no por ninguna soga en el cuello ya que los dueños siguieron tan campantes y cuando recibieron el ultimátum final respondieron que no tenían dinero, que tenían obligaciones tributarias e inversiones en otras partes del mundo que atender y no iban a desembolsar.

Esta historia no se parece a la que cuenta Mario, que suele jactarse de separar por una muralla china sus textos de ficción de los de la realidad. Pero qué decir de la otra guerra de la que nos habla que enfrenta a Kirchner y los grupos periodísticos de La Nación y El Clarín, donde el escribidor solo ve la “independencia” de los gigantes de la prensa escrita y olvida que buena parte del conflicto tiene su origen en el control de la producción y distribución de papel, que la sanguinaria dictadura de los 70 entregó a los empresarios de la gran prensa para consolidar el monopolio de la información.

Vargas Llosa se salta una parte fundamental de la historia que desequilibró totalmente las relaciones de poder en la Argentina y que la fue transformando en una economía sujeta a mandatos externos por el gobierno peronista neoliberal y derechista de Saúl Menem.

Luego de todas las privatizaciones y liberalizaciones vino la peor crisis económica del país gaucho, de la que solo se pudo salir de la mano del peronismo de izquierda de los Kirchner que, cualquiera sean sus defectos, está enraizado en los sentimientos de la mayoría del pueblo.

Ninguna de estas cosas debiera olvidarse cuando se quiere discutir porque hay gobiernos que se deciden a hacer guerras aparentemente perdidas y no se rinden antes de pelearlas.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...

Raúl Wiener

POLITIKA

Analista