Tiempo de pirámides

En Estados Unidos se preguntan: ¿por qué se judicializa a Bernard Madoff por su colosal estafa de 50 mil millones de dólares y no a los banqueros y financistas del Lehman, Goldman, City Bank, AIG, Fannie, Freddie y otras, que han costado al contribuyente estadounidense más de un millón de millones de dólares y han arrastrado a la ruina al conjunto del capitalismo global con inmensos costos sociales? ¿No son tan estafadores unos y otros?

Por Diario La Primera | 24 dic 2008 |    

Es como decir aquí en el Perú que Carlos Manrique merece la cárcel, mientras los Picasso y Wiese bien valen un rescate por cantidades de dinero que jamás se destinaron a fines de educación o salud, que para eso están las teletones con baile de presidente incluido en el show. El sistema tiene su manera de discriminar el crimen económico. Madoff puede ser visto como un caso de amoralidad extrema que llegó a estafar a sus propios hijos de 44 y 42 años, y a buena parte de la comunidad judía de la que formaba parte.

Pero hay otro ángulo para ver el mismo asunto: ¿cuán cómplices resultaban siendo los que le entregaban su dinero con el objeto de multiplicarlo por diez, sabiendo que esa ganancia se obtenía del ingreso posterior de otros en la pirámide, con la esperanza de tener todavía tiempo de ganar. Todos sabían que el esquema sería insostenible en algún momento, pero jugaban la ruleta rusa imaginando que la bala la recibirían más abajo, entre ellos los familiares y amigos que habían jalado a participar.

Cuentan que el Santander envió a su evaluador de riesgos en noviembre a Nueva York, cuando ya estaba abierta la crisis financiera global y los directivos empezaron a preocuparse de sus depósitos por más 3 mil millones de dólares en la empresa de Madoff. El informe fue que todo estaba en regla y que no había riesgos para el capital. ¿No deberían ir presos también los funcionarios del Santander?

En el Perú se ha señalado que el Banco de Crédito llegó a colocar fondos de sus mejores clientes hasta por una suma de 70 millones de dólares en la empresa del tramposo neoyorquino. Es decir, el sapazo de Dionisio, el que se quedó con el banco de los italianos, la herencia de sus sobrinos, la rebaja de los aranceles del trigo sin bajar sus precios, el puerto de Matarani y puja por otros puertos, etc., no la vio cuando le presentaron la Madoff Investment Securities y se creyó aquello de que todo estaba firmemente controlado.

Ahora Madoff está con arresto domiciliario y una pulsera electrónica en el tobillo. Pero nadie sabe dónde está la plata. Los de Santander y Credicorp ya pusieron sus demandas. Las esperanzas son pocas. Así es la crisis. Todos, hasta los banqueros, terminan por descubrir que el dinero no viene del aire.

    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista