Tiempo de maniobras

La presencia de los facilitadores eclesiásticos en Cajamarca y su reunión posterior con el presidente Humala, han bajado varios puntos las tensiones acumuladas en relación al proyecto Conga.

| 15 julio 2012 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores |1.3k Lecturas
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Esto no es aún ningún diálogo, en el sentido de negociación y aproximación de posiciones. Nadie puede pensar que cuando el presidente lanzó el nombre del monseñor trujillano, estaba pensando en producir algún cambio en su política de enfrentamiento con el gobierno regional de Cajamarca y el movimiento de masas que rechaza la mina.

Las varias veces que el premier Valdés ha metido la lengua después del inicio del trabajo de los facilitadores, ha operado como un provocador, que trata de decir que el estado de emergencia es la condición de tranquilidad para sentarse a la mesa (algo así como conversar con un interlocutor armado) y que los argumentos “técnicos” del gobierno van a ser de todos modos ganadores porque ellos pagaron más a sus peritos. Ollanta ciertamente ha sido más cauteloso y se ha esforzado por tomar en serio los informes de Cabrejos y Garatea que le alcanzaron las propuestas de sus oponentes.

El caso de la invitación a Salomón Lerner para volver al entorno del gobierno incorporándolo como representante del presidente en la misión Unasur al Paraguay, tiene algunos elementos en común con lo anterior.

Es como una propuesta de diálogo con la izquierda, sin diálogo real, tal vez sólo considerando el efecto de corto plazo que es el de desconcertar y separara a los Ciudadanos por el Cambio, dejando mal parados los comunicados suscritos con la izquierda en sentido cada vez más crítico a la evolución del régimen.

Visto de esta forma la jugada puede venir del rumor ilusorio de que el 28 de julio, Ollanta haría un giro, sacándose de encima a Valdés y convocando a algunos de sus viejos amigos.

En realidad no parece haber nada de esto, apenas un esfuerzo por encontrar a alguien que los otros gobiernos del Unasur pudieran aceptar en un contexto en que ya nadie cree en Sudamérica que Ollanta Humala dirige un gobierno progresista que contribuye a reducir la influencia tradicional de los estadounidenses sobre nuestros países.

El dato de esta semana es que el movimiento contra Conga se está transformando en una fuerza nacional con expresiones de masas en Lima y varias regiones del país. Ollanta tiene que haber sido consciente del significado de los hechos del jueves cuando el estado de emergencia fue desbordado en Cajamarca y decenas miles de personas marcharon en diversas partes del país.

Pero su reacción no parece ser la normal del que ve una correlación en la que va perdiendo terreno. La operación “denuncien a los pintores” ha encajado precisamente en la intención de tapar las movilizaciones y cambiar el eje de atención de la gente.

Y tal como se ha desarrollado, con una prensa coordinada como no se veía desde hace doce años, hay fuertes razones para suponer que todo ha respondido a un plan de distracción.

La conclusión que se puede adelantar es que, en una situación entrampada como la que vive el país hoy, y obligado a retroceder por el atroz costo social de muertos y heridos causados por su intervención en favor de la Newmont, el gobierno se ha corrido a un juego de tiempo y distracción, hasta decidir la contraofensiva. Por lo menos es la lectura más aproximada que se me ocurre de lo que está pasando.

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Raúl Wiener

Raúl Wiener

POLITIKA

Analista