¿Tecnología?

En noticia reciente me entero sobre estudios realizados por varias instituciones de reconocido prestigio (elegante forma de darle autoridad a lo que se dice), las que coinciden en afirmar que los ejecutivos de empresas utilizan poco menos del 3% de la tecnología que las empresas para las que trabajan ponen a su disposición con la finalidad de mejorar su rendimiento.

| 01 julio 2012 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 941 Lecturas
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Al margen de la validez de estos estudios, para muchos es fácil comprobar la certeza de dicha afirmación. Poco más o poco menos, lo cierto es que se mal usa o se usa poco la tecnología, sobre todo aquella que procesa información y que debiera ayudar a que el trabajo sea más eficiente, más productivo y a que se haga en menor tiempo.

Pero esto de mal usar lo que la modernidad va poniendo a nuestra disposición viene de atrás. Recuerden sino, los que puedan hacerlo, las wafleras que se pusieron de moda y que nuestras madres compraron. Poco nos duró el aparatito preparando waflers con miel hartándonos rápidamente de ellos; un poco más duro la plancha de la waflera (dándole la vuelta) en la que preparábamos sanguches calientes, pero luego la waflera terminó olvidada arriba del repostero y más tarde en el triciclo del ropavejero.

Unos cuantos años después apareció el horno microondas, por entonces regalo obligado por el día de la madre. Este dispositivo de moderna tecnología ha tenido una presencia más sostenida aunque decorativa también: compruebe usted para qué lo usa: verá que sólo está gastada la tecla que dice “+ un minuto”.

Y así otras tantas modas tecnológicas domésticas hasta que las tecnologías de información y comunicación (TICs) se apropiaron de todos los ambientes: científicos, académicos, industria, comercio y de la vida diaria: de usted y de mí. Somos poco menos que todos los que de una manera u otra usamos tecnologías de comunicación: celulares, laptops, iphones, ipads, tablets, smartphones y un largo etcétera ¿pero cuan eficientemente las usamos?

Empecemos por preguntarnos si leemos el manual de instrucciones que acompaña al dispositivo y comprobaremos que no lo hacemos (al menos la mayoría). Aprendemos a usarlo por el boca a boca o por el mira y mira. He preguntado en diversos auditorios por las funciones básicas de los Blackberry y son pocos los que las conocen y algo menos quienes las usan eficientemente, la mayoría tiene estos dispositivos para cuatro o cinco funciones ¿por qué entonces dudar del estudio que cito al inicio de este artículo?

Allí se dice que el Excel (popular hoja de cálculo de Microsoft), no es usado por los ejecutivos ni siquiera para llevar sus cuentas personales. Puedo añadir por mi experiencia que los programadores de citas (que manejan la agenda recordando inicio y final de ellas) de poco o nada sirven si igual el usuario que la programa llega tarde a la cita y algunas veces no llega.

El avance tecnológico es bueno, claro que sí, somos los usuarios (incluyendo a los maltratados ejecutivos del estudio), quienes tenemos que trabajar en el aprovechamiento de lo que se nos pone al alcance de las manos, interesarnos por descubrir como las facilidades de que disponen puedan ayudarnos en las tareas que realizamos. Ayudarnos claro está sumando significativamente, es decir, mejorando nuestro rendimiento y dejándonos cada vez más tiempo para disfrutar de nuestra humanidad.

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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista

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