Te comprendo, amigo

El templado Marco del Carpio Cisneros va a casa de su paño de lágrimas Ernestina Florentina Mitma y no deja decir nada. Solo habla él: “Había sido una relación extraña. Cuando me gustaba, no le dije nada para alargar el suspenso. Cuando la quise, le dije ‘me gustas’, porque había aprendido a tomar las cosas con calma. ‘Los mejores sabores se consiguen a fuego lento’, decía mamá”.

| 13 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 870 Lecturas
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“Nos veíamos, hasta que un día la amé y me arriesgué a sincerarme con, apenas, un ‘te quiero’. Y cuando el amor era ya perfecto, cuando no había una etapa más allá de lo que sentía por ella, me dejó por otro antes de que pronunciara mis palabras exactas: ‘te amo’. Ella no estaba en la etapa del amor perfecto”.

“Me aprestaba a verla, después de años, para conversar, por los momentos mejores que pasé al lado de ella y revivir, quizá, el perfume de los bellos recuerdos. Un amigo mutuo le dio mi número telefónico y ella me citó con una desvergüenza que me causó una curiosidad que no había sentido en mucho tiempo. Era mi oportunidad de decirle cuánto la había extrañado hasta ese momento”.

“Amanda no era su nombre. Yo se lo había puesto como sobrenombre porque era una amante de la vida. Al llegar a la cita, estaba ansioso. Ella había llegado puntual, como era su costumbre. Probamos una cena común, bebimos un vino corriente. Bastaban unas palabras para encender la chispa del amor que llevaba dentro de mí, porque la amaba, aunque no con la inocencia ni la pureza de antes”.

“Entonces, me propuso regresar e intentarlo de nuevo. Y tuve mi oportunidad de vengarme o ser feliz. Son esos momentos en que a uno se le nubla la mente y comienza a revivir los malos recuerdos. Era el instante propicio para comenzar una nueva vida al lado de ella. ‘Gallina que come huevos, aunque le quemen el pico’, recordé. Y rehusé a su ofrecimiento de un mundo feliz a su lado”.

“Desde entonces, mis íntimos amigos me llaman para quejarse de su nuevo y efímero amor. Y yo les digo que, por favor, no se quejen ante mí; yo nunca se las recomendé: ustedes fueron tras el fuego y salieron quemados y, por último, yo también soy una víctima del furor de su amor”, terminó Marco del Carpio Cisneros, con su monólogo extenso, y Ernestina Florentina Mitma, su paño de lágrimas, le dijo: “Quisiera entenderte para decirte algo. No te diré que me repitas tu problema. Te comprendo, amigo”.


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