Tarea para Hércules

La corrupción es una pandemia que amenaza, con más posibilidades que el calentamiento global, con el exterminio de la humanidad. No exagero. Día a día comprobamos cómo se eleva el umbral de lo que calificamos como corrupción o acto corrupto, tanto como cuando jugamos de locales o cuando la medida se vuelve supra nacional.

| 27 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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¿Qué hacer? ¿A quién recurrir en ayuda? ¿A los moralizadores? Pues bien, la capa de ozono de la moralidad tiene un enorme agujero, el techo de vidrio de los elegidos y llamados a combatir la corrupción es de tan delgado grosor que se quiebra sin necesidad de que alguien lance la primera piedra, al primer estornudo acusador. A diario los encargos moralizantes, individuales o de comisión, se desvanecen por inercia o por agotamiento, como si pelearan contra un inmenso muro. Pareciera entonces que no hay esperanza, que no nos queda sino rezar o buscar soluciones en el más allá, en la ficción por ejemplo.

Reducido el entrañable Superman a caricatura digital ya no podemos confiar en sus poderes y, entonces, no nos queda sino buscar entre los dioses mitológicos para que nos ayuden a detener la inminente catástrofe. “Tarea titánica esto de eliminar la corrupción” oímos decir, cada vez con menos convicción y como vamos perdiendo la esperanza vamos cambiando el verbo eliminar unas veces por combatir, otras por paliar, otras por reducir, aceptando en todas las expresiones tácitamente el que podamos convivir con ella, con la corrupción, “tarea para titanes” repetimos, pero el Olimpo está muy lejos y un poco más cerca están los héroes de la mitología así que entre ellos propongo que escojamos a Hércules por cumplidor, el héroe súper poderoso, capaz de cumplir con éxito las tareas más increíbles. Escojo a Hércules porque narra la mitología que una de las doce tareas que le fue encargada fue ”limpiar los establos de Augias”, un rey dueño de un establo cerrado con numeroso ganado en el cual el excremento se había acumulado a niveles tales que la salud pública se veía amenazada. Hércules cumplió la imposible e inmensa tarea en solo un día, sin ayuda y con un testigo que dio fe del cumplimiento ante Augias quien habiendo prometido recompensa no quiso cumplir con la palabra empeñada lo cual le costó la vida. Cosas de la mitología pero me gusta más creer en ellas que en historias de chamanes o en comisiones moralizadoras.

Pero dejemos la mitología a un lado y regresemos a nuestra triste y corrupta realidad. Más allá de la mitología, escojo al buen Hércules por el teatro, la representación de lo que sucede en la vida. En “Hércules y el establo de Augias”, Dürrenmatt, dramaturgo suizo, utiliza la tarea del héroe para, por analogía, limpiar la ciudad de los senadores corruptos, los cuales en la representación tratan por todos los medios de salir, de hacerse notar, en el escenario-establo-senado repleto de excremento. Este es mi recuerdo y por eso es que escojo a Hércules, porque siento que la bosta nos está llegando al cuello y si no llamamos al buen Hércules para que nos ayude a limpiar el establo nuestro de cada día terminaremos sepultados por la bosta de la corrupción.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista

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