Talla de estadista

Las presiones que pretenden que el Presidente de la República “dé la cara” y hable sobre temas de la política cotidiana parecen olvidar que un jefe de Estado –salvo que tenga una locuacidad enfermiza y un afán delirante de figuración– debe mantenerse al margen de las contingencias políticas y debates menores, que quedan para funcionarios de menor rango, políticos y analistas.

| 24 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 843 Lecturas
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Esas presiones, que buscan que el jefe de Estado hable de situaciones familiares o de temas específicos que están en el ámbito de instancias administrativas, solo pueden responder al afán de desgastar la autoridad presidencial sumiéndola en dimes y diretes inconducentes o, al menos, a la alegre irresponsabilidad de quienes no tienen conciencia de que hay que preservar la imagen y la respetabilidad de quien representa a la Nación toda.

La pasión política o la falta de seriedad de los reclamantes los ciega al punto de no considerar que el jefe de Estado, forjado en la lucha política intensa y vehemente, ha sido consciente que, al ser elegido, tenía que dejar de ser líder de un sector político para asumir lo que corresponde, un comportamiento de estadista que gobierna para todos los peruanos; establece las líneas maestras de su gobierno y toma las decisiones fundamentales, limitando a ese ámbito sus declaraciones públicas.

Ello explica que, al ser presionado para que hable sobre la situación de su hermano encarcelado, haya respondido que como Presidente su obligación es hablar de temas de Estado, que competen a todos los peruanos, y no de asuntos familiares, con lo que dejó en claro tácitamente que solo existe ese vínculo entre él y su hermano, habida cuenta de las notorias diferencias políticas.

El mandatario ha tomado también la decisión de cancelar la visita de un navío de guerra de Inglaterra, una potencia extracontinental en conflicto con un país hermano, o le ha dado luz verde a la determinación –que corresponde solo a las atribuciones presidenciales– y sería inaceptable que se enfrasque en un debate con sectores extremistas de derecha que, vergonzosamente, abogan por abandonar cualquier asomo de independencia y solidaridad latinoamericana y someterse a los designios de la potencia afectada.

La distancia del estadista ha sido característica de los buenos gobernantes, y aprovecho para rendir homenaje, también familiar, a quien fue un ejemplo en ese terreno, el Presidente Fernando Belaunde Terry, quien, por cierto, supo ser consecuente con la historia y dio todo su apoyo, inclusive con aviones y misiles, a la hermana Argentina, sin considerar diferencias políticas con su gobierno ni titubear ante el poderío económico y político de Inglaterra.


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