Talara

En abril de 2001 visité la Refinería de Talara. Me impresionó muy bien el trabajo realizado porque, usando los limitados recursos con que contaban, habían suplido – hasta donde era posible – la falta de inversiones en modernización. Era visible el preciso conocimiento que tenía el personal de su planta y la identificación y compromiso con sus empresas. Varios años atrás Petroperú había sido puesta en venta, después de desintegrarla y las inversiones se habían suspendido hasta que llegase el nuevo propietario que, para la Refinería de Talara, nunca llegó.

| 05 febrero 2009 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores |1k Lecturas
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Me quedaba claro que, cualquiera que fuese el destino de Petroperú – esto es permanecer como empresa estatal o ser privatizada – para cumplir su función necesitaba modernizarse como acertadamente lo hacía la Refinería de La Pampilla.

La Refinería de Talara fue diseñada para procesar (refinar) los crudos dulces (poco azufre) y ligeros (baja densidad y viscosidad) existentes en el Nor Oeste, en la época en que fue construida (julio de 1917). 70 años después, cuando declinaba la producción del Nor Oeste, la Refinería de Talara recibió el petróleo proveniente del Nor Oriente (Selva Norte)

Al principio no hubo mayor problema. Con el correr del tiempo, fue incrementándose la participación del petróleo de la Selva y declinando la del noroeste; el crudo de la selva fue tornándose pesado y ácido (alto contenido de azufre) y, entonces sólo se podía refinar una parte de él, mezclándola con el del Nor Oeste y con crudo importado, exportando el crudo pesado que no se podía refinar.

Las cifras gruesas indicaron la conveniencia económica de refinar crudos pesados. En abril de 2001 hubo el deseo en la COPRI de dar pase a la modernización de la refinería de Talara, pero no se contaba con los estudios ni mucho menos con el proyecto de ingeniería. Los mayores precios del crudo abonaron por la conveniencia de modernización de la refinería de Talara, para procesar crudos pesados, y cuando se fijó el plazo a partir del cual el diesel vendido en el Perú no puede exceder un contenido de azufre de 50 ppm (Partes Por Millón, equivalentes a un “tanto por millón”), se tuvo en cuenta el plazo necesario para modificar y adaptar las refinerías existentes.

Un crudo de buena calidad da origen a productos (gasolina, kerosene, diesel,…) de buena calidad. Un crudo de mala calidad (azufre y otros) transfiere sus componentes a sus productos, a menos que se emplee un proceso que los extraiga. Como partimos de crudos de buena calidad (muchísimo tiempo atrás) y estos fueron desmejorando, lo mismo sucedió con sus productos; es así que las gasolinas y el diesel alcanzaron altos contenidos de azufre. Finalmente, hacia el año 2004 apareció el concepto de “nocividad” como una medición del potencial efecto negativo de los combustibles sobre el ambiente.

Han pasado casi 8 años desde abril de 2001, sin resultados. Ha sido un tiempo de maduración más que largo, mayor que el que se usa en China. Donde los proyectos se meditan muy cuidadosamente. El 19 de julio de 2006, a menos de 10 días de cambio de gobierno, el Congreso promulgó la Ley 28840, que declaró de interés nacional el fortalecimiento y modernización de Petroperú. Siendo que presidía la Comisión de Energía el futuro Ministro de Energía y Minas, debe interpretarse que el nuevo gobierno comulgaba con ella – así como también con la Ley 28832 que reformaba la ley eléctrica y se promulgó en fecha similar.

Hoy, dentro del mismo período gubernamental, se cambia de opinión y rumbo. Volvemos así a mediados de los 90. La fijación de rumbos para los hidrocarburos y la electricidad muestran tantas marchas y contramarchas que revelan que somos un país que no ha podido concordar una visión compartida del futuro, que no podemos articular una política de Estado. Y que así, no podemos lograr ningún avance neto.

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Carlos Herrera Descalzi

Carlos Herrera Descalzi

Opinión

Columnista