Sorpresa: Nación Aimara en el escenario político (III)

En los últimos días de junio, Puno ofreció la sorpresa: la nación aimara fue reivindicada por un movimiento indígena que defiende su derecho al agua limpia y a sus tierras libres de los venenos que dejan las mineras, grandes, medianas y pequeñas. En tiempos de calentamiento global está en juego no sólo la vida de los seres humanos sino también la del planeta, particularmente el Lago Titicaca, pues si las cosas siguen como están pronto será un lago muerto. Como condición indispensable para salvar el lago mayor de Perú y Bolivia, los quechuas de Azángaro se unieron a los aimaras exigiendo la descontaminación del Río Ramis.

| 16 julio 2011 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Las protestas aimaras y quechuas se dieron con múltiples movilizaciones y con actos de violencia que provocaron reacciones en contra. Martha Giraldo, socióloga y empresaria de turismo, escribió una carta a sus amigos conmovida por los gestos de revancha y racismo que sintió y vivió en carne propia.

Hay una estrecha relación entre la violencia estructural profunda del país y lo que ocurre en Puno, como señalé en mi artículo anterior En el inconsciente colectivo de todos los pueblos indígenas de América están empozados asesinatos, violaciones, agravios, humillaciones, insultos, y mil formas de aparición del racismo colonial de españoles, criollos, y gran parte de los llamados demócratas de hoy.

La violencia aimara, la mortal represión del gobierno que mata y luego pregunta, siguiendo el consejo del Sr. Alan García y el racismo de los jóvenes racistas de la derecha de todos los colores en las cloacas de las redes, aparecen simultáneamente porque en Perú los momentos pasado y presente del tiempo casi se confunden.

No tuvimos hasta ahora una revolución que acabase con el racismo asociado a todas las formas de ejercer el poder que conocemos porque la clase política de derecha y de casi todo lo que me queda de izquierda no quiere saber nada de los pueblos indígenas, miran el techo cuando se toca el tema y prefieren no hablar por una razón muy simple: no conocen el mundo indígena, reproducen los viejos prejuicios coloniales y en el fondo temen que los llamados indios puedan un día ser suficientemente fuertes como para subvertir el orden, su orden, y hacerles perder todos los privilegios que tienen.

Han aprendido a aceptar que los llamados indios y cholos canten, bailen, y aparezcan en las tarjetas postales y las fotos Benetton para fomentar el turismo, pero se niegan con todas sus fuerzas a aceptar la posibilidad de que ellos y ellas sean actores políticos autónomos y dueños de su propio destino. Por eso su desprecio y burlas por líderes como Alberto Pizango y Walter Aduviri.

Lo nuevo nunca aparece limpio y puro, llega siempre mezclado con lo viejo. Si se observa solo lo viejo se pierde lo nuevo, y si solo te tiene los ojos puestos en lo nuevo se ignora la fuerza que el poder tiene para apagar las brasas que en las luchas se encienden anunciando esperanzas y grandes cambios. Martha Giraldo tendrá que pensar dos veces en el entusiasmo que su carta produjo en las gentes del Diario Correo y la derecha. Finalmente, no hay evidencias serias de la reaparición de Sendero Luminoso. Ver en las manifestaciones a senderistas libres luego de muchos años de condena, no es razón suficiente.


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Rodrigo Montoya Rojas

“Navegar Río Arriba”