Sorpresa: Nación aimara en el escenario político (2)

En su carta Martha Giraldo, socióloga y empresaria de turismo en Puno, da cuenta de los durísimos días que le tocó vivir cuando los aimaras ocuparon la ciudad de Puno en junio último, antes de que la policía matase a cinco personas cuando los quechuas de la provincia de Azángaro trataron de tomar el aeropuerto de Juliaca.

Por Diario La Primera | 09 jul 2011 |    

Cuenta que los aimaras son racistas, que manipulan la información al afirmar que a los chilenos -por ejemplo, se les está vendiendo casi todo, que no quieren a empresarios de ningún tipo, que creen que las grandes empresas multinacionales no pagan impuestos, y que ocuparon el centro de Puno violando los derechos de quienes viven y trabajan ahí. Sostiene también que más allá de las diferencias culturales que ella respeta hay valores universales como la verdad, el respeto, la tolerancia, la amistad sincera. Informa que los senderistas salidos de prisión participaron en las movilizaciones y que “ser quechua o aimara es garantía de contar con una patente étnica para todo lo permitido, legal y pero también y sobre todo, para lo ilegal e informal que se pueda hacer”. Por último, señala que nada hay en Puno de política en serio para que los recursos de la región sean industrializados y que el contrabando y, últimamente, la cocaína son las locomotoras de su economía informal.

Martha Giraldo habla desde su corazón. Le gustaría que su condición de empresaria fuera respetada así como todos los derechos de todos y todas. Recuerdo su entrega en el trabajo de defensa de los derechos humanos, su sinceridad y honradez para dar su contribución a la izquierda nuestra que desgraciadamente no estuvo a la altura del desafío que implicaba querer cambiar el mundo e inventar un socialismo sin calco ni copia como nos enseñó Mariátegui.

En su texto, Martha ofrece un panorama desolador de la violencia que aparece en la superficie de la realidad. Lo importante es tratar de explicar por qué se produce esa violencia. El Perú es un maravilloso productor de violencia. Abimael Guzmán, Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos y los generales de las fuerzas armadas y policiales son hechuras del país. Nacieron aquí, se criaron aquí, se formaron aquí y son corresponsables de la violencia. También Alan García. Las matanzas de millares de personas pueblan nuestra historia desde que los cristianos llegaron de España. La población inca de nueve o doce millones de personas en 1520, se redujo a solo seiscientas mil un siglo después, en 1620. “Colapso demográfico” es el título del libro del historiador David Noble Cook que ofrece esas cifras. Además de las enfermedades, hubo una feroz carnicería entre los ejércitos de Huáscar y Atahualpa, y entre los cristianos y los incas. En la captura del inca Atahualpa en Cajamarca, Pizarro y sus cristianos mataron a tres mil soldados desarmados de Atahualpa. Desde entonces hasta ahora hemos tenido centenares de carnicerías. ¿Cuántas más vendrán en el futuro? Un hecho que conviene tener presente es que gran parte de las víctimas de la violencia política y social son los pueblos indígenas, quechuas, aimaras y amazónicos. El Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación afirma que tres cuartas partes de las 69,284 víctimas de la violencia política entre 1980 y 2000 fueron precisamente indígenas. En la violencia de Puno de los últimos seis años, como en todas partes del país, se expresan unos deseos de revancha y venganza, unas ganas de hacer justicia con las propias manos. Volveré sobre el tema en un tercer y último artículo. En su texto, Martha ofrece un panorama desolador de la violencia que aparece en la superficie de la realidad. Lo importante es tratar de explicar por qué se produce esa violencia.


    Rodrigo Montoya Rojas

    Rodrigo Montoya Rojas

    “Navegar Río Arriba”