Soraya la contralora

El contralor de la República es un cargo que ha permanecido secuestrado desde el primer gobierno de García, cuando fue nombrada a Luz Áurea Sáenz, una firme militante aprista que por eso no podía controlar a sus propios compañeros ni al gobierno.

| 25 enero 2009 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores |568 Lecturas
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Ciertamente, con Fujimori la cosa ya no se trataba de una Contraloría partidarizada y encubridora, sino de una mafiosa que participaba del saqueo de la cosa pública, hasta el 2000, cuando se inició la llamada “transición” y los actores del poder fueron rápidamente sustituidos abriéndose oportunidades que terminarían desperdiciadas.

A comienzos del 2001 conocí al contralor encargado, el doctor Jorge Guzmán Rodríguez, quien sustituyó a Carmen Higaona, sometida a varios procesos. El contralor en funciones estaba interesado en crear redes de fiscalización popular y en abrir la escuela de capacitación de líderes sociales en manejo de herramientas de control.

De eso hablamos e hicimos planes que parecían alucinantes, pero mostraban una vía para romper la torre de cristal en que permanece esta institución, cuyo objeto es desconfiar del resto del Estado para someterlo a un estricto control y eso requería no sólo soportes técnicos sino sociales. Según supe en esos días, Toledo dijo que no quería saber nada de Guzmán, porque alguien le había dicho que venía de la escuela de Cussianovich (fue su subcontralor), que peleaba abiertamente con el presidente.

Ahí empezó la era Matute, es decir Toledo forzó el reemplazo del interino por un amigo cercano sin los requisitos académicos para el cargo y para nombrarlo pactó en secreto con el APRA una situación de excepción, que luego iba a tener enorme significado. El contralor ya no fue sólo un brazo del partido o un cómplice del presidente, sino a la vez un equilibrista entre el gobierno y una oposición ventajista.

Este sistema permitió que Toledo cumpla cinco años en el poder sin que avance una sola investigación importante y estuvo vigente dos años con Alan García. Y para Genaro casi no hubo diferencia entre uno y otro. En octubre del 2008 se acabó el período de Matute y este dejó a gente de confianza al frente, como si confiara en que el gobierno se demoraría y pasaría apuros para nombrar al sustituto.

Es lo que estamos viendo con Soraya Suárez, la primera contralora suspendida antes de ejercer. También con ella se quiso hacer aquello del compromiso entre el oficialismo y la oposición más cortesana (fujimorismo y PPC), a sabiendas que tenía serios puntos vulnerables, por tanto manipulables.

Pero no está funcionando como el 2001. A García le está costando demasiado tener una contralora que no parezca su amiga ni le haga problemas.

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Raúl Wiener

Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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