Solo quería pedirle trabajo

Efraín es un enamorador insistente. Hace algún tiempo, durante dos meses, casi todos los días, invitaba pertinazmente a salir a Mercedes, quien se negaba por diversos motivos.

Por Diario La Primera | 06 jul 2012 |    

“No puedo, Efraín; no puedo”, decía. Pero Efraín, como es insistente, siguió invitándola hasta que Mercedes, un poco enojada indicó: “Está bien, Efraín, por favor, me recoges en la esquina de la cuadra tres de la avenida Pardo de Miraflores”.

Cuando Efraín llegó a la supuesta cita, Mercedes le preguntó: “¿Usted no tiene movilidad?” Efraín, un poco avergonzado, mintió: “Está en el taller”.

Mercedes no dejaba de hablar por celular. “Bueno”, dijo Efraín, “A dónde le gustaría ir”. “Bueno, vamos a Larcomar”.

Mercedes pensaba en la estrategia de ciertas mujeres para alejar a los hombres insistentes. Hacer, con algunos gestos, que los enamorados insistentes se sientan misios, para que entiendan que no están a la altura de ellas y así se alejen.

Efraín, sin embargo, no estaba en un afán de conquista. Se había enterado que su amiga Mercedes, quien le debía algunos favores desde tiempos de la universidad, estaba bien acomodada en el nuevo gobierno y quería pedirle un trabajito porque había sido despedido por reajuste de personal.

Mercedes lo llevó a la cafetería más cara de Larcomar. Pidió el café y los bocaditos más caros del menú y no dejaba de hablar por su teléfono celular. Hablaba de cheques y grandes depósitos de dinero y contactos de gente importante.

No le daba oportunidad de pedirle trabajo. Pero de pronto le dijo: “Dime, Efraín, cómo estás”. “Bien, Mercedes, disculpa mi insistencia. Es que quería hablar contigo”. “Disculpa”, dijo adrede Mercedes y siguió hablando por teléfono, mientras tomaba su café.

Efraín no pudo pedirle trabajo; porque Mercedes estaba en un plan de mostrarle que estaba ocupada. Pagó una cuenta muy elevada, le preguntó unas cuantas generalidades y luego se despidió con la tristeza de desempleado en el rostro.

    El Escorpión

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