Solidaridad con el padre Gastón Garatea

Para muchos trabajadores y trabajadoras las concepciones religiosas pertenecen al fuero privado, incluso la no creencia es una opción libre de tomar, como el pertenecer a alguna confesión sea católica o no.

| 18 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 961 Lecturas
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Sin embargo, la historia ha demostrado que las decisiones del clero que administra la religión mayoritaria del país, siempre han traído implicancias políticas con la finalidad de consolidar posiciones conservadoras y en menores casos para proteger los derechos de las grandes mayorías.

El caso del veto al sacerdote Gastón Garatea es una demostración de cómo la política utiliza la fe para consolidar poderes mundanos e imponer con autoritarismo decisiones que violan los derechos más elementales para el desarrollo de los seres humanos, como es el de expresarse libremente y opinar dentro de las convicciones democráticas y ayudar a la deliberación, con la finalidad de enriquecer el debate y lograr un consenso que nos permita ser una sociedad verdaderamente justa y solidaria.

Sin embargo, para el controvertido Cardenal Juan Cipriani estos valores no tienen sentido. Su convicción autoritaria de la vida lo han convertido en un político oculto detrás de una creencia religiosa, utilizando el pulpito para realizar apología a favor del sectarismo político que impuso el fujimorismo en los noventa, creyéndose impune frente al debate, además de usar su posición jerárquica para menoscabar a quienes lo critican, ocultándose sobre la primitiva concepción de que habla en nombre de Dios y de todos los católicos limeños y hasta los no católicos.

En ese sentido, su decisión de prohibir al sacerdote Garatea de realizar sus oficios religiosos en Lima, deja entrever su desesperación por lograr el control económico de la Universidad Católica, un anhelo mundano que desespera a Cipriani por la resistencia que ofrece la comunidad universitaria y cuyos sólidos argumentos dejan entrever que los deseos del Cardenal no tienen nada que ver con Dios y su justicia divina.

Por otro lado, la labor del sacerdote Garatea ha dejado en muchos de sus feligreses y los que no lo son, las muestras claras de su lucha por conseguir que la dignidad humana sea lo primero ante todo, incluso más allá de la discrepancia religiosa. Para el sacerdote Garatea esto significa la opción por los pobres que se debe concretar en masificar la justicia social como instrumento de redención y reivindicación. Su labor en la Comisión de la Verdad y otras responsabilidades públicas demuestran la claridad de sus convicciones.

Para Cipriani quien defiende la opción por los ricos, esto significa atropellar a los demás y defender cueste lo que cueste, el continuismo político y económico que se impuso con violencia durante la dictadura. Por eso, para alguien que dijo y practicó el principio de que “los derechos humanos son una cojudez”, no sorprende que persista en concretar acciones injustas, aprovechando su posición aristocrática en el catolicismo para arreciar contra quienes le exigen una postura sincera como corresponde a su investidura.

Expresamos nuestra solidaridad con el sacerdote Gastón Garatea y con todos aquellos cuya labor por el bien de los demás, los hace propicio de persecución e injusticias.


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Mario Huamán Rivera

Opinión

Columnista