Sobre la Primera Dama

Una reciente encuesta ha actualizado las especulaciones y la polémica en torno a la posible candidatura presidencial de la Primera Dama, al evidenciar que aparentemente la ciudadanía la percibe como tal, pues mayoritariamente considera que quiere ser candidata y en menor medida que lo va a ser, y hasta la ubica en segundo lugar en una consulta prematura (estamos a tres años de los siguientes comicios generales) sobre tendencias del electorado para el 2016.

| 13 abril 2013 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 714 Lecturas
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Ciertamente puede resultar arbitrario utilizar el tema como cortina de humo de otros problemas o ingrediente de una confrontación política de carácter distractivo, o como simple bandera de oposición, pero el sondeo y otros hechos han situado el tema esta semana en el interés de la ciudadanía.

De ninguna manera podemos compartir posiciones que pretenden que, por el supuesto que podría ser candidata, la Primera Dama no viaje, no haga labor social, no desarrolle actividad internacional, ni haga discursos públicos, ni visite los pueblos del Perú, ni reciba para ello apoyo logístico estatal; porque todo ello corresponde a la labor de representatividad; la que hoy no puede ni debe limitarse a organizar bingos de beneficencias o visitar asilos, como antaño hacían las primeras damas, o a permanecer fuera de la escena política, como hicieron otras esposas de jefes de Estado.

No compartimos las suspicacias por la lógica influencia que como compañera de vida y de luchas políticas del Presidente pueda tener como consultora natural de las decisiones del mandatario; y nos parece fuera de lugar oponerse a que la Primera Dama aparezca en televisión o que la televisora estatal cubra sus actividades. Ciertamente es un personaje mediático, noticioso, cuyas actividades y declaraciones son de pleno interés público.

Ciertamente, el principal motivo por el cual se considera la posibilidad de esa postulación, radica en las cualidades y el carisma que la ciudadanía le reconoce la Primera Dama.

Tampoco queremos ahondar en la tesis de que su hipotética elección sería una reelección disfrazada, como ha ocurrido en otro país, aunque en una nación centroamericana la Primera Dama se divorció, legal y formalmente, del presidente, para sortear una prohibición legal y habilitarse como candidata, aunque el tribunal constitucional, aún así, vetó su postulación.

Igualmente queremos permanecer al margen de la discusión jurídica en torno a la legalidad de una candidatura de la Primera Dama; cosa que dejamos en manos de los entendidos. Y creemos que no es pertinente especular sobre la vía política por la que se haría efectiva esa candidatura. Pero queremos señalar, en nombre de la percepción ciudadana que ya la considera aspirante presidencial y de la opinión mayoritaria que desea una definición, que, si la Primera Dama tuviera aspiraciones a gobernar el país, debería hacerlo público, en aras de la transparencia. Y cuanto antes será mejor, sea cual fuere su decisión al respecto.


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