Sistema, antisistema o nuevo sistema

Existe una preocupación mundial y en particular en los países desarrollados por monitorear los indicadores macro en diversos aspectos de los Estados y sociedades emergentes, a fin de poder comparar los estándares alcanzados por sus propios sistemas y las garantías que ellos pueden brindar a la inversión extranjera.

Por Diario La Primera | 19 febrero 2009 |  1k 
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Tan es así, que organismos como el Banco Mundial, entre otros, con frecuencia efectúan mediciones del comportamiento de los diversos sistemas de lucha contra la corrupción que conforman la institucionalidad social, y las medidas que los Estados asumen para mejorar su eficiencia interna y comparan éstas con las del resto de países de la región.

En el año 2003 se abordó el tema de la corrupción en la región y, cosa curiosa, ante la existencia de nuevas corrientes sociales y políticas en el hemisferio, se verificó tres formas de enfrentar el flagelo: una primera, que refuerza y moderniza los sistemas e instituciones de lucha contra la corrupción existentes; una segunda que cuestiona el sistema actual por abyecto y agotado y propone uno alternativo, es decir se plantea crear un nuevo sistema, y, finalmente, la forma más perversa, que consiste en evadir permanentemente cualquier sistema de lucha contra la corrupción, tomando como bandera la destrucción del sistema por obsolescencia y crear mecanismos paralelos aparentemente más veloces y eficaces, es decir el antisistema.

Cuando se habla de nuevos sistemas alternativos, nos referimos al cambio y modernización del Estado, para lo cual es necesario crear nuevas instituciones más modernas, eficaces y transparentes en la proyección de la prevención y persecución de los delitos productos de la corrupción y la criminalidad gubernativa, de tal suerte que la propuesta de cambio del sistema, deviene en alternancia o superación de un modelo obsoleto por otro considerado cualitativamente mejor. De esta apreciación se desprende que cambiar un sistema por otro mejor podría ser conveniente y tan sólo los sectores involucrados en actos de corrupción que se verían amenazados por estas políticas innovadoras, naturalmente han de preferir desarrollar políticas gubernativas de debilitamiento y evasión de cualquier sistema anticorrupción.

Ya he manifestado que la ideología, cualquiera sea su naturaleza, se convierte en coartada cuando los actores que la invocan la utilizan para cometer toda suerte de tropelías.
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    Luis Gómez Cornejo

    Luis Gómez Cornejo

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