Siempre vendemos

Algo se está vendiendo siempre. Basta una interacción, un encuentro con uno o muchos y allí estamos vendiendo, no en el sentido comercial, sino en el de dar y tomar, que lo que ofrezcamos lo tome el otro. Que lo que el otro vea en nosotros le provoque tomarlo y lo quiera tomar.

 

| 31 julio 2011 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 940 Lecturas
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Uno u otro, algunos de los dos venderá y, por cierto, el otro estará comprando. En la película, “Ambición peligrosa” (Amy Holden, USA, 1996), el protagonista dirige una arenga a los vendedores de acciones que usan el teléfono como herramienta de comunicación con los potenciales clientes diciéndoles: “Toda llamada es una venta, tu le vendes algo o el te vende su razón para no comprar”. Los vendedores manejan muchas frases motivadoras, una de ellas ejemplifica claramente lo que en esta ocasión estamos tratando: “siempre es hora de show en el salón de ventas”. Siempre. Siempre estamos mostrando algo para que lo vea el otro, para interesar al otro, para provocar al otro, incluso cuando lo que le mostramos sea a nosotros mismos.

Cuando no es un objeto (que puede venderse solo, desde una vitrina por ejemplo), cuando es a nosotros mismos a quien queremos que el otro compre (me refiero a lo que tenemos que decir: ideas, pensamientos, sentimientos), que nuestro producto le llegue de manera efectiva, que el que nos escucha lo compre, entonces aquí tendremos que hacer uso de dos herramientas: la voz y el cuerpo. Es importante que reparemos en la conjunción “y”, que obliga a ambos términos, el anterior y el posterior, a valorarse al unísono, conjuntamente. Es decir: hablamos con la voz y con el cuerpo en simultáneo, estamos vendiendo lo que queremos decir a partir de cómo lo digamos. Las palabras que escojamos saldrán con una entonación determinada y se verán en un lenguaje corporal que las acompañará aumentando o disminuyendo su valor.

Siempre estamos vendiendo y si queremos que los demás compren lo que tenemos para ellos más nos vale que prestemos atención a esta presentación. Me refiero a la forma en que estamos presentándonos, en cómo estamos usando la herramienta de la voz por ejemplo. Entonces debiéramos preguntarnos: ¿Cómo suena mi voz? ¿Hablo muy rápido? ¿Pronuncio bien? ¿Mi tono es aburrido? Preguntarnos y quizás ayudarnos por alguien para tener una opinión imparcial y luego trabajar por mejorar, hasta conseguir un nivel adecuado. El uso eficiente de la voz para decir lo que queramos permitirá una mayor atención de quien nos escucha aumentando así la posibilidad de que compre nuestra idea. Pero dijimos que voz y cuerpo van juntos y así es. El lenguaje corporal: postura, gestos y ademanes, deberá acompañar debidamente alineado a la palabra hablada para así completar la oferta que le hacemos a quien nos escucha y conseguir nuestro propósito.

Ya lo sabemos entonces, siempre hay algo que vendemos. Por tanto será muy importante que pensemos en la necesidad de desarrollar las herramientas que, como hemos visto, colaboran a hacer efectiva esa venta. No es un trabajo de un día, es un trabajo de todos los días, de siempre.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista

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