Siempre esperando

Gabriel llegó a la cita con quince minutos de anticipación para que esta vez Rosa no le diga, como hacía una semana, que sí había ido al encuentro pero que como él no había llegado a la hora indicada tuvo que irse.

Por Diario La Primera | 01 jul 2011 |    
Es una noche de garúa y de viento fuerte y, aunque Gabriel sabe que Rosa no llegará, está ahí parado a unas cuadras de la UPC, esperándola fuera del café, al costado de una cabina de teléfonos con los ojos atentos a su salida.

Mira su reloj y está punto de dar las ocho de la noche. “A las ocho y cinco la llamo”, dice y esconde sus manos heladas en su casaca luego llevarse un cigarrillo agonizante a la boca. Rosa no aparece, entonces Gabriel la llama

—Rosa, te estoy esperando.

—Ya. Estoy en 15 minutos.

Gabriel se entusiasma y sonríe, y entra al café para calentarse un poco. “Por fin”, dice y espera exactamente 15 minutos para volver a llamarla, pero esta vez Rosa no contesta. Vuelve a llamarla y el celular suena ocupado. Llama como 15 veces y nada. Espera 40 minutos y luego de insultar a todo el mundo vuelve a casa.

Al día siguiente, en su trabajo, critica al más talentoso de los diseñadores gráficos con tecnicismos rebuscados como para llamar la atención. No discute, grita, y hasta llega al insulto. Lo hace para que se fijen en él, para que crean que es malo y no se den cuenta que está sufriendo por un amor no correspondido.

“Tú te portas mal, porque te adoro,….”, grita a lo lejos Héctor Lavoe. Gabriel se llena de rabia, de ira, de celos, y la llama pese a que prometió que jamás lo volvería hacer.

—Aló, Rosa.

—Ah, hola.

—Te esperé.

—Pucha, tuve que hacer una vaina. Discúlpame, por favor.

—Siempre haces lo mismo.

—Es que, es que, mira…

—¿Qué cosa?

—Anda mañana al mismo lugar a la misma hora. Te lo juró que no fallaré esta vez.

—Está bien.

Gabriel se entusiasma otra vez y abraza y elogia el trabajo del diseñador que había maltratado hace unos instantes. “Yo siempre he dicho que tú eres el mejor diseñador que ha tenido esta empresa en toda su historia”, dice.

Vuelve a su sitio y recibe una llamada. Es Rosa. “Mira, Gabriel, mañana no puedo. Te estoy llamando, eh. Bueno conversamos”, “¿Cuándo puedes?” “No sé, llámame en unos días”, dice Rosa y corta.


    El Escorpión

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