Sí me importas

Sentirse ignorado. No existir para los demás. Ser algo así como el hombre invisible. Ni siquiera un objeto, una cosa, un mueble. Creo que vivir una experiencia así es algo bastante feo ¿No le parece? Recuerdo que de adolescentes jugábamos a hacerle hielo a algún compañero.

Por Diario La Primera | 12 set 2010 |    

Éste llegaba al barrio y nosotros, que previamente nos habíamos puesto de acuerdo, hacíamos como que lo ignorábamos. Nuestro amigo hablaba y hablaba y hablaba, y nosotros seguíamos en lo nuestro sin advertir su presencia hasta que conseguíamos provocar su desesperación. Otra de las crueldades, recuerdo, era hablar en clave. Para que el otro no se enterara de lo que estábamos conversando. He visto lágrimas en algunos amigos producto de estas bromas que ahora a la distancia de los años me parecen no sólo tontas sino de mucha crueldad.

Sin embargo en el día a día vemos, por ejemplo, llegar a una persona ante un mostrador para realizar algún trámite y se encuentra con la recepcionista en una conversación telefónica personal, o pintándose las uñas, o conversando con otra persona, ignorando olímpicamente a nuestro amigo. Nadie le habla, nadie lo escucha, nadie lo mira ¿Se imagina usted como se sentirá? Quizás nos haya tocado vivir una situación semejante.

Esto sucede por el creciente desinterés que mostramos hacia los demás. Por lo poco o casi nada que nos importan nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo, nuestra familia, la gente con que nos cruzamos en las calles, etcétera. He podido comprobar en algunas oficinas cómo los que allí trabajan se cruzan en un pasillo y no se miran siquiera. Menos se saludan por supuesto. Una especie de autismo colectivo.

¡No existes! ¡El aire es mío! Estas eran frases del jueguito del hielo. Y entonces le pasábamos, al amigo, las manos delante de la cara para hacerlo sentir mal ¡Y vaya si lo conseguíamos!

Es un enorme castigo el quitarle la mirada a alguien. El ignorarlo. El dejarlo con la mano extendida. El no contestarle el saludo. Es como darle un portazo en las narices.

–¿Sabes? María se encontró con Jorge y ni lo miró. ¡Le quitó la cara, mi hermano!

Esta frase seguro es reconocida como lugar común por nosotros. La hemos dicho o escuchado más de una vez. Y siempre mostramos nuestro asombro por tamaño castigo.

Existimos cuando somos reconocidos por los otros. Por eso nos sentimos más seguros entre los nuestros. Por eso nos sentimos menos seguros cuando estamos de tránsito de un lugar a otro. Y nos sentimos aliviados cuando llegamos a nuestro destino: casa, trabajo, universidad, club.

Leí por ahí que entre las tribus del norte de Natal, Sudáfrica, el saludo más común, equivalente al hola de nosotros, es la expresión Sawu bona. Que significa literalmente te veo. Los miembros de la tribu responden diciendo Sikkhona, estoy aquÑ El orden del diálogo es importante: Mientras no me has visto, no existo. Es como si al verme me dieras la existencia.

Nuestros caminos entre un lugar y otro podrían ser más amigables si por lo menos nos reconociéramos apenas un instante. Nos regaláramos una sonrisa. Un saludo. Un gesto. Algo que le diga al otro que sabemos que esta ahí y que sí nos importa.

Referencia
Sí me importas

    Jaime Lértora

    Jaime Lértora

    ¡Habla Jaime!

    Columnista