Si la justicia tarda demasiado, no es justicia (II)

En nuestro anterior comentario nos referimos a lo terrible que resulta para los contribuyentes tener que esperar cuatro o más años para obtener una respuesta administrativa en materia de impuestos. También señalamos que esta situación se da no porque el Tribunal Fiscal no sea expeditivo o eficiente, sino porque el diseño legal del proceso no es bueno.

Por Diario La Primera | 09 jul 2008 |    

Pues bien, si algo no es bueno hay que hacer lo posible por mejorarlo. Y si se trata de algo tan importante como la tranquilidad jurídica y económica de la población económicamente activa, en especial de las empresas que tanta importancia tienen para el país, debemos hacer el mejor de nuestros esfuerzos y hacer funcionar la imaginación.

Sabemos de nuestras carencias que son tanto económicas como técnicas. No podemos entonces proponer que se amplíen plazas porque nos dirían que no hay recursos y además que no existen suficientes especialistas que se puedan hacer cargo de aliviar la carga de reclamaciones en trámite. Y tendrían razón.

Nosotros proponemos evaluar lo siguiente:

Que todo el personal que integra el área de Reclamaciones de la SUNAT pase a integrar el Tribunal Fiscal, organismo que se reorganizaría para tener dos instancias: la de reclamaciones y la de apelaciones. SUNAT ya no sería entidad resolutora.

Recordemos que los funcionarios de la SUNAT son profesionales muy capaces. El problema que vivimos es que la orientación que ellos reciben es la de recaudar. Recaudar es la misión y exigencia recibida por la SUNAT del MEF, de quien depende.

El Tribunal Fiscal sería quien resuelva las reclamaciones. De esta forma el gobierno ahorraría el dinero que ahora gasta en una instancia que sólo cubre la apariencia de serlo, puesto que en la generalidad de los casos lo que hace es confirmar la pretensión de la SUNAT.

Ese dinero se destinaría a ampliar el presupuesto del Tribunal Fiscal. Los funcionarios técnicos, con una nueva orientación, resolverían con justicia y equidad y evitarían la tremenda carga de apelaciones que actualmente soporta el Tribunal Fiscal.

Seguramente que esta propuesta plantea algunas dificultades, pero es una idea que la vemos perfectamente factible y que, de hacerse realidad, resolvería una situación problemática que nadie quiere y que a nadie beneficia. Por el contrario, que a todos perjudica.


    Guillermo Grellaud

    Guillermo Grellaud

    Opinión

    Columnista