Si la justicia tarda demasiado, no es justicia. (I)

Este aforismo es doblemente válido si el afectado no solo recibe tardíamente el fallo de la justicia sino que, como ocurre en el campo de la tributación, durante el tiempo que demora el proceso se acumulan intereses que, de resultar un pronunciamiento negativo, determinarán que la deuda puesta en discusión haya crecido exponencialmente al punto que resulte ser impagable.

Por Diario La Primera | 02 jul 2008 |    

Esta anómala situación es la que actualmente enfrentamos en el procedimiento contencioso administrativo tributario. Y donde más se aprecia o se sufre es en los casos de tributos que administra la SUNAT, aunque los que se originan en otras administraciones no se quedan muy lejos.

En los hechos, ocurre que la SUNAT es generadora de miles de pretensiones de cobro de impuestos y multas, que son materia de reclamo. Estos reclamos los resuelve la propia SUNAT y, como es de suponer, la mayoría son confirmados.

El contribuyente disconforme recurre entonces al Tribunal Fiscal, que es la última instancia administrativa y que tiene un buen ganado prestigio, confiando lograr que esta superior instancia escuche sus argumentos y obtener de esta forma la tan ansiada justicia.

Ocurre sin embargo, que el tiempo que tendrá que esperar de entre cuatro y cinco años. Y aquí es donde nos preguntarnos si es justo que tengamos que vivir pendientes durante tanto tiempo, mostrando en nuestros estados financieros contingencias que afectan el buen desarrollo de nuestras empresas y que año a año se incrementan con intereses que se aplican tanto a la posible deuda por tributo como a la multa que regularmente la acompaña.

Nosotros encontramos que, en lo fundamental el origen de este mal está en que la SUNAT, sea un órgano resolutivo. Desde nuestro punto de vista, es cuestionable el hecho que una misma entidad sea parte y juez en la misma controversia. Ello ha derivado que en la mayoría de los casos la instancia de reclamación - en la que la Administración actúa como órgano de resolución de los cuestionamientos hechos por los contribuyentes a las acotaciones que ella misma efectuó en su condición de órgano fiscalizador - se convierta en una fase del proceso contencioso tributario en la que, después de transcurridos varios meses, los contribuyentes obtienen como resultado argumentos reiterativos de aquéllos sostenidos en la etapa de fiscalización.

El resultado de ello lo tenemos a la vista: El Tribunal Fiscal se ve agobiado por la carga de procesos que no le llegarían si al resolverse en primera instancia el órgano encargado aplicara criterios imparciales.

Se hace pues necesario encontrar una solución. Nosotros tenemos una propuesta que será materia de nuestro siguiente comentario.


    Ing. Eduardo Farah

    Ing. Eduardo Farah

    Opinión

    Presidente de la SNI