Si las elecciones fueran mañana…

Obviamente Castañeda no podría seguir en silencio, sugiriendo que el desarrollo peruano depende de las obras urbanas y negándose a definirse frente al gobierno. ¿Cómo podría Castañeda ocultar su condición de candidato del gobierno?, ¿y tendría alguna esperanza si no lo fuera?

| 08 noviembre 2009 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 454 Lecturas
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Tampoco Keiko podría seguir reduciendo su “programa” a eso de yo quiero tanto a mi papá que lo pondría en libertad como primera y única medida anticipada de gobierno, y Toledo no podría seguir en el extranjero buscando la oportunidad para meter su cuchara en los asuntos nacionales de acuerdo a sus conveniencias.

Ni el mudo, ni la gordita, ni el “cholo” de Harvard podrían escapar a la pregunta sobre la continuidad del programa neoliberal, los contratos de privatización y concesión, los TLC y los decretos legislativos, el gas, la minería, la selva, etc., sobre los que no han hablado, prácticamente nada y entre los que pretenden caminar con indefiniciones.

Si las elecciones fueran mañana no tendríamos un caso Malpartida por semana, sino uno o más cada día, y a Aldo M no le alcanzaría el tiempo para su valiente campaña sobre el nivel de alcohol permitido para los automovilistas, tema sin duda está asociado con la modernidad, o para que eche barro sobre Túpac Amaru, Grau, Malpica y su propio abuelo, mientras reclama homenajes para Luis Bedoya Reyes y De Soto, verdaderos fundadores de la patria.

Si las elecciones fueran mañana los votos que quieren repartirse Castañeda, Fujimori, Toledo, Lourdes, Meche o cualquier otro candidato del APRA, se achicarían en medio de la polarización política y saltarían voces exigiendo el sacrificio de los candidatos con menores chances en función de los que podrían ser ganadores. Y nunca se sabe si estas campañas tendrán resultado o se impondrán los proyectos propios.

García sabe justamente que ese será el terreno donde deberá intervenir para que valgan algo sus anuncios de que no estará ausente en las siguientes y las subsiguientes elecciones presidenciales. Las opciones que tiene a la mano no son muchas y deberá escoger entre el modelo 1990: digitar un candidato del partido para asegurar una representación parlamentaria y apoyar tras bambalinas a otro; o el modelo “gran elector” que, como no tiene “interés inmediato” en el resultado, puede opinar sobre lo que más le conviene a la idea de país con que actualmente se mueve.

Si las elecciones fueran mañana no se podría abstraer el factor García. Como tampoco podría ocultarse la preocupación subyacente en todo este proceso que no es quién va a ganar, sino quién no puede ganar, lo que hace cada vez más importante tener un acuerdo básico entre los que se consideran parte del mismo proyecto con sus variantes y establecer alguna forma de arbitraje para evitar que sus contradicciones favorezcan a quienes están fuera. Si las elecciones fueran mañana, la pregunta que muchísima gente sentiría que debe resolver es si los candidatos que tienen al frente representan un cambio real en el país o son lo mismo que hemos venido viviendo en un largo número de años, y eso va a decidir buena parte del escenario y las actuaciones políticas. Pero las encuestas nunca captan nada de esto.




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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista